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lunes, 7 de noviembre de 2011

Sobre San Ginés de la Jara (II)

Sobre el entorno del monasterio:

Escrutando la amplia bibliografía existente sobre el monasterio y las ermitas del Monte Miral, vemos que lo importante no son solamente los edificios, sino todo lo que les rodea. A parte del paisaje, típico mediterráneo de arbustos, y en el cual no me voy a centrar, destaca el gran número de yacimientos que encontramos en varios km a la redonda del monasterio.
Tal vez, uno de los más importantes sea el de Cueva Victoria, en las estribaciones del SE del Monte Miral, y que recoge, grosso modo, restos del Paleolítico, concretamente de época del Neanderthalensis (GIBERT et alli, 1999). Existe una supuesta falange de dedo de éste individuo, pero hasta ahora no se ha podido demostrar su autenticidad.
Otro yacimiento importantísimo para conocer la zona en la que centramos nuestro estudio, es el de La Loma de Los Nietos (GARCÍA CANO, 1996), donde se halló y excavó parte del poblado ibérico, del cual, tal vez, sus piezas más representativas sean las tres cráteras caliciformes que se conservan en el Museo Arqueológico Municipal de Cartagena, datadas en el siglo IV a.C. y que dan cuenta de la importancia del poblado. Resulta curioso que no se hallan encontrado restos de un posible santuario en las cercanías del mismo. Pero eso no tiene por qué dar pie a que se afirme la existencia de un santuario en las inmediaciones del monasterio.
Cercano a los Urrutias, apareció, en 2005, un centro relacionado con la explotación minera en época romana, en el paraje de Lo Poyo (ALONSO, 2009). En dicho yacimiento aparecieron varios hornos para fundición y decantación de mineral, datados a finales de la República (2º mitad del siglo I a.C.). Debido a una fosa que bordea todo el complejo, creemos que este establecimiento podría haber sido de carácter militar en época más temprana, situándose cerca de la Vía Augusta y del poblado de Los Nietos. Pero son sólo teorías extraídas de nuestra tesis de Máster, presentada en 2010, y debemos pulir dicha hipótesis.
En la ladera Oriental del Monte Miral, y en la cima del mismo, aparecieron en los 80 restos de un posible poblado del Paleolítico Superior (MARTÍNEZ ANDREU, 1993). Esto, junto con las ermitas (MAS, 1988), ampliamente estudiadas en los trabajos de Julio Mas y Alejandro Egea (EGEA, 2004); hace que el monte adquiera un valor especial, en muchos aspectos.

                                                                                                                           


Detalle de las excavaciones de 2007 (extraído de publicación de 2008)

Dentro del perímetro del monasterio, tuvo lugar una excavación de urgencia en 1988 (MARTÍNEZ ANDREU, 1996) en la que se hallaron restos cerámicos desde época romana (TSSG, TSAfr, etc.), hasta el siglo XVII, en diversas fases. Esto, junto con los restos epigráficos que hasta hace poco podíamos observar en algunas de las fachadas del monumento (ABASCAL Y RAMALLO, 2001), hacen que se plantee la hipótesis de la existencia de una villa romana, ya sea debajo del monumento, o bien en las proximidades del mismo; tal vez en el jardín anexo.

Ya en el claustro, una serie de sondeos, llevados a cabo en 1998 (VICENTE SÁNCHEZ, 1999), dieron con restos de una primera planta renacentista del monasterio. Incluso se llegó a restos del siglo XV. Estas hipótesis fueron refutadas en 2007, con la excavación del perímetro de la Iglesia, donde los arqueólogos hallaron restos de muros asociados a cerámica del siglo XV. Lo cual nos da una cronología ininterrumpida desde esa época hasta el siglo XIX, momento en el cual, en 1836, es desamortizado a los franciscanos, dentro de las reformas de Mendizábal. Esto nos deja varios interrogantes, uno de los cuales sería ¿dónde se encuentran los restos del supuesto monasterio agustino del siglo XIII? ¿vivieron los agustinos en las cuevas del monte, realizaron alguna ermita, y luego esto se llevó por parte de los franciscanos al llano en el que se conserva el monasterio en nuestros días?

Sobre San Ginés de la Jara (I)

Datado un primer atisbo de veneración en la zona en el siglo VII-VIII, el monasterio de San Ginés de la Jara, se yergue sobre el pequeño llano existente entre las playas de Los Nietos y los Urrutias, y el prehistórico Monte Miral. Hoy en día se encuentra en muy mal estado de conservación, debido, en parte, a la dejadez de las autoridades, y por otra parte, al comportamiento abusivo de las constructoras, que, junto con la despreocupación de nosotros, los ciudadanos, padece el patrimonio en general.

Los edificios que podemos admirar del monasterio, son los realizados entre los siglos XVII-XIX, época de mayor esplendor del mismo, bajo poder de los monjes franciscanos, que se establecieron allí en torno a 1491, amparados en la figura de Juan Chacón, emparentado, a la sazón, con los Fajardo; o los Vélez, para que sean conocidos mejor. Pero los restos más antiguos hallados, pertenecientes al monasterio en sí, están datados en el siglo XV. Estos fueron hallados en las excavaciones de 2007 (ZAPATA, BERROCAL, MATALLANA). De hecho, todavía podemos observar parte de las estructuras halladas en la zona cercana a la entrada de la Iglesia.

Creo que vendría bien repasar un poco la Historia de verdad del monasterio y de las ermitas, basándonos en hechos y estudios concretos, y no en falsedades y habladurías, que sólo contribuyen a tener una visión parcial y sesgada del monumento.

Un documento crucial para conocer la antigüedad del mismo, lo constituye un manuscrito anónimo, datado en el siglo XV, y publicado por E. Varela Herviás (Murgetana nº 16). En él, el autor nos relata una biografía somera del Santo, desde un punto de vista casi mitológico. Nos explica el autor del artículo, que sólo podemos hablar de dos fechas concretas: una en torno a mediados-finales del siglo IX, y otra de mediados del siglo XI. Casualmente, el anónimo emparenta al santo con la familia Carolingia, en una época en la que el camino francés de peregrinación a Santiago de Compostela estaba en franco desarrollo, desde la época de Alfonso II en adelante. Dicho rey Leonés es el que, supuestamente, encontraría la tumba de Santiago que, según la tradición habría llegado de Palestina en torno a la segunda mitad del siglo I d.C., para predicar la llegada de la nueva religión: el Cristianismo. Estudios realizados por el Padre Sotomayor, junto con el catedrático de la Univ. de Granada, José Fernández Ubiña, nos llevan a pensar que el santo nunca salió de Palestina, y que, por tanto, toda la teoría del camino de Santiago, sería una estrategia para llevar a cabo una evolución económica en la vertiente cantábrica, por parte del rey Alfonso II.
Así pues, la teoría más aceptada sobre la identidad del Santo, sería la de San Ginés de Arlés. Dicha teoría, apoyada por los trabajos de Julio Mas (MAS, 1988) y Torres Fontes (1981), aboga por la llegada del culto a la zona de Cartagena en torno a época visigoda-bizantina. El desarrollo del mismo, podría darse, incluso, en época medieval musulmana, puesto que algunos trabajos, como el de Huélamo en el siglo XVII, nos hablan de un culto compartido. Esto sería, por lo menos, desde el siglo XI hasta el siglo XVII, cuando fueron expulsados los moriscos en 1609, por mandato de Felipe III. Curiosamente, la expulsión de estos últimos trajo consigo la decadencia de parte de la agricultura de las zonas de Cataluña, Aragón, Valencia y Murcia, donde había gran población de moriscos que, en su mayoría, se dedicaban a dicho sector económico.
El hecho de que se de un culto compartido, podría deberse a que los musulmanes, por herencia de las religiones árabes politeístas, además del judaísmo y el cristianismo, solían loar también a pequeños "santones". Incluso tenían un tipo de "genios", procedentes de las religiones de la zona de Arabia, que podían dar buena o mala suerte.

jueves, 20 de octubre de 2011

Bibliografía sobre San Ginés de la Jara (II)

Aquí os dejo un par de artículos sobre el Monte Miral, publicados en las Memorias de Arqueología y de Patrimonio, respectivamente:


http://arqueomurcia.com/archivos/publicaciones/memo04/2.pdf


http://www.arqueomurcia.com/archivos/publicaciones/jornadaspatri18/prospecciones.pdf

http://www.arqueomurcia.com/archivos/publicaciones/memo13/memo13-34.pdf

Bibliografía sobre San Ginés de la Jara (I)

Como comienzo de una nueva aventura en éstas cosas de la Historia que nos ha tocado vivir, creo necesario, mientras que no tenemos web oficial (que tardará un poco, pero que será mucho que esta cutrez que estoy haciendo), crear algunos enlaces a artículos sobre un tema, que, desde hace un par de meses me lleva de cabeza, y que me ha hecho enrolarme en una Asociación de Amigos de San Ginés de la Jara y ermitas del Monte Miral.
Como integrante de la asociación, a la que ya le estamos dando forma entre todos, voy a ir dejando algunos enlaces, como he comentado anteriormente, junto con algunas ideas propias sobre la historia del monasterio, que, espero, no ofendan a nadie. Me gustaría apartarme de lo puramente anecdótico para trazar una línea temporal, que una las primeras manifestaciones humanas, con lo que nos ha quedado ahora: un edificio maltrecho, sitiado por "cazadores de tesoros", que no ven más allá de sus narices. Que piensan que por ser un monasterio abandonado, es una zona de juegos esotéricos; y que destrozan todo lo que les viene en gana, sin plantearse nada a nivel moral. Por eso, en parte, estoy metido aquí. Para que, desde mi postura, pueda ayudar como sea a éste grupo de personas preocupadas por su patrimonio.

Un saludo a todos!

miércoles, 13 de julio de 2011

Tercera Parte

Amanece. En el horizonte susurros de pájaros dan vida a unas formas sombrías que todavía se ocultan de la ténue luz solar. Amanece. La luz vence un nuevo día a la tiniebla, que se aleja envuelta en nubes que forman una niebla de sensaciones, sólo palpables en un día de finales de otoño.
El coche parece que acaba de salir del túnel de lavado, debido a la escarcha que lo recubre, y unos pequeños bichos aparecen en el cristal. Ellos son el último vestigio que quedó del verano pasado.
Los vetustos edificios vuelven a aparecer como fantasmas del pasado, que nos recuerdan que otros antes que nosotros estuvieron llenos de vitalidad. Y que esa vitalidad se apagó un día. Pero podemos sentir sus ganas de vivir en las piedras que forman esos vestigios del pasado que son sus huellas. Su legado. Todo lo que otros se empeñan en destruir, pero que otros se obcecan en proteger.
Klauss ha llegado a una de las etapas del camino.
En su horizonte divisa un pueblo que se irgue sobre los pequeños montes que antes hacían de frontera entre castellanos y aragoneses...

martes, 7 de junio de 2011

Segunda parte...

Klauss partió por la mañana.Temprano; con las primeras luces del sol veraniego. Sabía que marchaba para no volver, por lo menos en un tiempo, a la tierra que le vio nacer, crecer, correr, bailar, reir y llorar. Una tierra húmeda y seca al mismo tiempo. Una tierra, en definitiva, que rezumaba un aire a vieja, a vetusta.
Al salir de casa, sólo cogió las llaves del coche, unos cuantos libros y dinero. Creía que eso era todo lo que le hacía falta para hacer frente al futuro próximo.
No sabía a qué debía enfrentarse en esa realidad que le tocaba vivir, a partir de traspasar la puerta del que durante más de viente años había sido su hogar. Esa casa en la que desde los cinco años había correteado, jugando a indios y vaqueros. Donde había destrozado alguna maceta que otra dándole patadas a un balón en la soledad del jardín sin césped que había delante de la casa.
El día prometía ser soleado. Como casi todos los días desde finales de Mayo. Aunque ese año había llovido un poco en los primeros días del mes de Junio. Así pues, montó en su coche, y salió hacia el Norte, en busca de comprensión. Realmente, no sabía porqué iniciaba ese viaje. Solamente sabía que tenía que ir al Norte, donde casi nadie le conocía, a intentar descubrir lo que el sueño, ese sueño tan extraño que le atormentaba desde hacía semanas; le deparaba. ¿Encontraría realmente lo que buscaba en el sueño?¿O se quedaría a medias, como con casi todo lo que había empezado en la vida?
Para él, la frase "dejarse algo a medias", era una de esas que no olvidaba, debido a la gran autoestima que le había dado una madre que parecía que nunca confiaba en él...

lunes, 30 de mayo de 2011

Primera parte...

El joven Klauss deseaba llegar al sitio que le había indicado su padre antes de morir. Hacía doce años que había comenzado sus andanzas en soledad por una tierra llena de amargura, pero con algún que otro rayo de sol entre tantas sombras.
La vida no había sido fácil. Desde los quince años tuvo que acostumbrarse a vivir solo, sin nadie a quien contar sus impresiones por las nuevas realidades que le afectaban en esa época de grandes cambios. Sólo. Se repetía la misma palabra una y otra vez, cuando en la oscuridad de su habitación, pensaba en tiempos pasados y mejores. Sin muchos amigos, pero con el amigo más grande que su mente podía llegar a imaginar. Su padre. Un padre que le calentaba cuando tenía frío. Le contaba esos cuentos inmortales para que klauss pudiera dormir en paz todas las noches. Un padre que le hacía reir, y que sólo dos veces le hizo llorar. Una persona magnánima, como pocas, y que había aguantado toda una vida de trabajo y sufrimiento; sin vacaciones, casi sin salir de su trabajo. Un padre, en definitiva, al que le gustaban las pequeñas cosas de la vida. Fumar un buen Farias, sentado en su mecedora en verano, barriga al aire, mientras comentaba con los vecinos recuerdos de juventud en la puerta de casa.

El camino, tal y como le había indicado, era duro. Escarpado. Lleno de obstáculos y de personas que le intentarían apear de él. Otros le aconsejarían. Y sólo una persona lo realizaría junto a él...