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miércoles, 30 de mayo de 2012

Rayos, truenos, centellas y malos augurios






Hace unos días, haciendo zapping mientras esperaba que comenzara una de mis series favoritas, me topé con una noticia, dada en un canal de televisión nacional, donde se decía, que el avión que conducía al flamante nuevo presidente de la Rep. Francesa, Hollande, a Alemania, tuvo que dar la vuelta en pleno vuelo debido a un rayo. A su vez, el periodista hablaba de un "mal augurio", el cual se confirmó a la llegada de éste a Alemania. Al ser recibido por la señora Merkel (Angie para los amiguetes de su querida RDA), todo fueron malas caras, malas posturas; en fin, un primer viaje al extranjero siendo Presidente de la República, que este hombre nunca olvidará.
Traigo a colación esta noticia, para ver, que en alguna manera, ese substrato que los romanos dejaron en nosotros, no se ha ido del todo. Cada día, desde que nos despertamos, la superstición nos acompaña allá donde vayamos. Desde el pie que debemos poner en primer lugar en el suelo al levantarnos de la cama, no pasar bajo una escalera, el temido número trece... Toda una serie de medidas para protegernos, entre otras cosas, del "mal de ojo". Esa maldición tan típica en casi todas las culturas conocidas, y que hoy en día muchos siguen intentando erradicar. 
Siempre se ha dicho, que la persona que podía "ver" y quitar el mal de ojo, era una persona que tenía, aunque no se confirmara, algún tipo de poder. Incluso en mi familia y vecinos cercanos, encontramos siempre a alguien a mano capaz de quitarlo.
En Roma, a los niños, a parte de los fallos que les colgaban desde bien pequeños, se les ponía en la frente una especie de nudo, que hoy en día nosotros colocamos en el ombligo de nuestros pequeños. Por lo que, el ser humano mediterráneo no ha cambiado mucho, a excepción de llevar pantalones. Esa es una de las pocas cosas que nos legaron nuestros amigos del Norte, -los visigodos-; junto con el resto de tribus germanas, bárbaras, que asolaron el Imperio Occidental en el siglo V. 
Volviendo a los rayos antes mencionados, en época clásica, el que un rayo o un trueno sonara de una manera o de otra; o el simple hecho de que empezara a llover dependiendo de qué situación, podía ser interpretado como algo que diera buena o mala suerte. 
Y con los animales pasaba algo parecido. Incluso en Roma había un sacerdote especializado en cuidar unos gansos sagrados para la ciudad. Y ni que decir tiene el vuelo de las aves, dependiendo del número de éstas, o de que volaran en círculo o no. En ese aspecto siempre recordaremos al queridísimo Rómulo, y su manera de fundar la ciudad eterna.
Hoy en día, en nuestras culturas, que parecen tan alejadas de aquellas de los filósofos que se entremezclaban con la sangre de la arena del anfiteatro, pintadas obscenas y comportamientos tradicionales; encontramos parecidos más que razonables, para pensar que no hemos cambiado tanto.
Valga el ejemplo del periodista antes citado. Y en el mundo animal, podremos dos ejemplos:
El primero es el conocidísimo de la India, donde las vacas campan  a sus anchas, e incluso hay penas de cárcel para aquel que ose molestarlas.
El segundo se da en el cerró Verdún, en Uruguay, donde las arañas pasean por todo el cerro, y no pueden ser interrumpidas en su labor vital, por cualquier persona que pase, la cual debe respetar todo lo que éstas hagan.
Un tercer ejemplo que me gustaría añadir, ya en Europa, lo encontramos en la localidad italiana de Cocullo. En dicha ciudad, todos los años, para celebrar la festividad de su patrón, Santo Domingo de Sora, sueltan serpientes vivas por el trono del santo. E incluso las personas posan los reptiles en sus cuerpos, pensando que no les van a picar. Esto se debe al culto de época preromana, en el cual se loaba a una diosa de origen etrusco, que protegía a las personas del veneno del áspid. Ya en la Alta Edad Media, la Iglesia Católica, para evitar el culto a dicha diosa, incluyó el culto al santo antes nombrado, para sustituir un culto pagano por otro cristiano, como tantas veces a pasado en todas las religiones.
Esto, finalmente, nos hace pensar si toda nuestra tecnología y nuevo modo de vida, sirve para alejarnos de esas tradiciones, o simplemente también nos acerca más a ellas.

PHS

miércoles, 23 de mayo de 2012

Ahora en verso (por los años de letras)

Éramos hijos de ángeles caídos en olvidos, prohibidos,
siento que he perdido el ardor combativo, te explico.
R.   A.   P. es más que una moda, más que esos controladores que ya no controlan,
otrora, en antiguo castellano, otrosí, si hermano no me das la mano,
porque piensas que por no ir a los parques no llegamos a tu rellano,
eres un rey llano, como Juan Carlos.
Pero lo único que cazas son insultos a tu lado, te han dado y lanzado al vacío, con los elefantes que del otro han huido.
Piensas que por esa cadena de water, todos te deben tratar como un pater, 
hermosos versos que soltamos al universo, 
cuando sentimos que estamos con los nuestros, puestos,
y tus amigos depuestos, este es mi impuesto, honesto,
y un pretexto, para enseñarte que estos textos, son fechos,
con motivos macerados y enredados en marañas del malhablado,
¿quieres aprender léxico con un éxito?
Este es un estilo arcaico de carácter apotropaico y laico,
qué dualidad.
Si recortar los derechos es actualidad,
en una sociedad que no sabe avanzar,
pues a cuarenta años atrás volverás si a la calle tú vas.
Suenan tubas de fondo, con un cante jondo y hondo,
bien hondo, que llega hasta el último recodo, del lodo
 que nos atrapa en esta era ingrata.
Donde los vecinos no se dicen nada,
pero quieren saber sobre tu vida,
qué vida más triste, malhablado resiste,
se alimenta de alpiste para canarios,
y corsarios, y lucha contra un nuevo imperio ario,
en el atrio sin pisar un escenario...(continuará)

jueves, 3 de mayo de 2012

Sobre la miseria humana (Fr. 1 West)

"Hijo mío, Zeus gravitonante posee el cumplimiento 
de todo cuanto existe
y todo lo dispone según su voluntad.
Pero los hombres no tienen conciencia de ello,
sino que, pendiente de lo de cada día,
como ganado viven, sin tener idea
de cómo haá la divinidad que cada cosa concluya."


Con estos versos, editados en 2002 por Emilio Suárez de la Torre para la ed. Cátedra, Simónides de Samos, poeta griego que vivió encabalgado entre el siglo VII-VI a.C., definía lo que para él era esa dejadez humana cuando se sabe protegida por un algo superior. Vemos, analizando el texto, que el poeta -y también activo fundador de ciudades, según algunas fuentes escritas tardías- ve que la gente de su tiempo se siente relajada, esperando que todo vaya como ha ido siempre. Pero sin mover un ápice para hacer que las cosas vayan. 
Zeus, que todo lo mueve, hace y deshace a su voluntad, aunque eso no le vaya bien al mortal. Él es un dios. El mayor de los dioses, después de imponerse a Cronos. Le dan igual, en cierto modo, los designios de los humanos. Unos humanos, que viven para ellos mismos, sin pensar en el prójimo, ni en el grupo.
Hoy en día, la mayoría nos vemos rodeados de esa desidia. Una dejadez que hace que nuestros dirigentes, llamémosle Zeus, hagan y deshagan a su antojo, sin importarles lo que o a quien se lleven por delante. Y nosotros, pobres mortales, nos abstraemos de todo, viviendo a lo nuestro. Sin compartir con nadie. A veces, ni con los más cercanos, mientras vemos como nuestro vecino se vuelve imberbe; pero sin remojarnos las barbas. Todo nos da igual. No hay cooperación, y vivimos en una burbuja, en una caverna, en la que sólo vemos lo que nos dejan ver.
El pesimismo y la soledad deberían invadir las costas físicas de cada uno. Y sálvese quien pueda. 

domingo, 1 de abril de 2012

La figura y el miedoso (II)

En un abrir y cerrar de ojos, Castor se encontró perdido en un laberinto de pasillos sin luz. La tormenta tronaba al exterior; y a veces, parecía que se iba a desprender el techo de la gruta. No encontraba el camino de vuelta. Comenzó a encontrar cuerpos envueltos en sábanas blancas de lana, algunos de ellos desvencijados. Otros, sin embargo, permanecían desnudos al paso del joven miedoso. Pero no eran humanos, sino cuerpos de cera, que representaban tanto a hombres como a animales, con cara de sufrimiento. 
Se acercan.
Castor sigue corriendo, ésta vez más rápido, pero es imposible.
Le están rodeando, lo siente. Siente que otra luz se acerca de frente. 
Se para. Respira. Se sienta. No puede hacer nada.
De repente, una nube de personas con antorchas se aproximan. Unos desnudos, y otros vestidos. Sólo hombres, que le miran con cara de asombro pero a la vez de satisfacción. Esa satisfacción que de al comprobar que es alguien conocido. Alguien en quien poder confiar. Sus hermanos, que habían salido a buscarlo, junto con el mayor, el cual estaba atronando tambores un tiempo atrás, lo miran de manera paternalista. 
Él no entiende nada. Sólo ve una amalgama de cuerpos, entre los que reconoce algunos, pero otros llevan las caras tapadas. Ve luces borrosas, todo se nubla. Se desmalla. 
Es de día.
Castor se despierta súbitamente en su cama. Todo es normal. Ha vuelto a ser normal. Pero recuerda perfectamente todas las cosas que encontró en la gruta: las figuras, la gente desnuda, sus hermanos. No sabe cómo podrá reaccionar a esa experiencia; o si le habrá pasado algo a ellos. Aunque no parecían estar en peligro. Todo es muy confuso. 
Se levanta.
Se viste con el primer harapo que encuentra en la única silla de su habitación. De hecho, es la única decoración de su habitación, junto con su cama de paja, construida por él mismo. Duerme en la zona de arriba de una casa labriega, al comienzo de la aldea, con sus tres hermanos, -dos menores y uno mayor-, y con sus padres, Pullis y Cornia.
La casa se dispone en un piso inferior, donde se encuentra la cocina y el salón, junto con la habitación donde duermen sus padres. Fuera, en una casa aparte, viven sus tres hermanos, pues no hay sitio para todos en la casa grande. Además, tienen un pequeño pajar, en el que guardan una vaca; y un pequeño edificio para el ganado. Se podría decir, que dentro de la comunidad, son de las familias más importantes, aunque no se rigen por las normas de la ciudad que los domina. Prefieren seguir un esquema de reuniones de los mayores en la plaza central de la aldea, bajo el viejo árbol, en el cual, dicen, se apareció San Pedro hace cien años.
Pero sus padres le explican que esa fue una artimaña de los sacerdotes de la ciudad, para que las personas del pueblo se convirtieran al cristianismo, y construir la pequeña iglesia que se erige sobre el cerro que gobierna el valle en el que se encuentran.

Castor sale de su habitación y se dirige, escaleras abajo, al salón. Todo está tranquilo. Sus padres lo miran, y ríen de felicidad. Ya es uno de los suyos.



Máscara etrusca

miércoles, 7 de marzo de 2012

La figura y el miedoso

Era noche cerrada en el bosque de Milefiori. El joven Castor se había perdido cuando volvía con sus hermanos de recoger las ovejas perdidas aquella tarde. Aunque salieron a buscarlo, Castor no daba señales de vida. Había caído en lo más profundo de una gruta lúgubre, colmatada de plantas, y de difícil acceso desde cualquier camino. Y la luna, esa acompañante de los veranos largos en el bosque, le había abandonado, pues se encontraba dormitando tras las nubes que cubrían ahora el cielo. Amenazaba una tormenta de esas que sólo se ven en verano, a finales de Agosto, cuando todo está en calma, y, de repente, Iouis despierta de su sueño, como queriendo no abandonar todavía el corazón de los habitantes de ésta parte del antiguo Imperio. Es la hora de la lluvia. Una lluvia que encuentra sus caminos para formar ríos que a su vez desembocan en otros ya existentes. Una lluvia que parece venir de todas partes; que te atrapa y no te deja salir de ese vórtice de agua proveniente del cielo. Y ésta viene acompañada de rayos y truenos; de relámpagos y centellas, que tienen prisionero a Castor en la gruta. 
Desde que era solo un niño, le habían prohibido jugar cerca de aquel sitio. Decían que por las noches de verano, se reunían los pocos paganos que quedan, recordando ritos iniciáticos que se pierden en la noche de los tiempos. Noche como la que tenía atrapado a nuestro amigo. 
Entonces, en un impulso más de miedo a la lluvia que de valentía, Castor decidió adentrarse en la gruta. Las plantas tapaban todo el poco horizonte que ya de por sí podría dejar la noche y el agua. Unos metros más adentro, Castor encontró restos de antorchas, recientemente apagadas. Dejadas allí por alguien que pretendía volver a usarlas para salir. Serían esas personas los casi monstruos que sus padres y vecinos le habían contado de pequeño. Un hálito de curiosidad cruzó su pensamiento, y se decidió a seguir. 
No anduvo más de diez metros cuando cayó por un terraplén que le llevó a una cámara oscura, excavada en la roca, pero de grandes dimensiones. El sonido del agua se oía a lo lejos penetrar en ella por una ranura que se hallaba, posiblemente, al otro lado de la misma.
Con paso firme pero indeciso al mismo tiempo, Castor continuó andando. Pero a cada paso que daba, el suelo crujía como si estuviera pisando maderas. Aunque notaba que no eran maderas de leña, sino algo con forma. 
Finalmente, al llegar al otro extremo a tientas, divisó una luz al final de un corto túnel. Una luz que le parecía haber visto al llegar a la cámara, pero que creía una alucinación al principio.
Al final del corto túnel se abría ante sus ojos otra cámara, de forma circular, con un óculo en el centro, y con antorchas en los lados. En el centro, no pudo creer lo que veía. Los habitantes más mayores de la aldea en la que vivía, bailaban desnudos al son de una música tocada con percusión por los más jóvenes, entre los que estaba su hermano mayor. Descubrió que los músicos eran los jóvenes casados de la aldea, estos sí vestidos. Los mayores parecían bailar en torno a un círculo.
Pero su mayor impresión fue al observar las paredes de la cámara. Toda ella estaba llena de brazos, piernas, cabezas, corazones, pies, penes, etc. Todo era de cera. Algunas de las formas estaban siendo quemadas en una pequeña hoguera sobre la que otros personajes, ataviados con máscaras que recordaban a las de los antiguos pobladores, saltaban sobre ella, o la pisaban.
Castor, estupefacto, soltó un leve pero audible grito de miedo. La música paró. Le habían descubierto. Castor debía salir de allí...

domingo, 26 de febrero de 2012

Scipio el magnánimo

Buscando información sobre uno de los temas principales que me vienen a la cabeza, -dejando a un lado la realidad social que nos persigue-, me he topado con un hecho el cual me gustaría resaltar. Me explico.

Desde hace un par de años me encuentro enfrascado en la lectura atenta del relato que de la ciudad púnica de Kart-Hadst (actual Cartagena, pasada Carthago-Nova) hace Polibio en el siglo II a.C. El escritor griego, al que le debemos el relato, no sé si más fiable, pero sí el más cercano que ha llegado a nosotros sobre la Segunda Guerra Púnica; relata claramente las victorias de Publius Cornelius Scipio Africanus para loar a la gens Cornelia, para la que trabajaba desde que fuera apresado en una escaramuza contra los griegos.
De todos es sabido, que en varios pasajes de sus Historias, nos introduce algún rasgo del "celebérrimo" Scipio, como que era capaz de comunicarse con los dioses; al igual que muchos héroes mitológicos o semidioses. Eso recubre la figura de Scipio de un aura cuasi divino. Y nos da una visión de lo que es ser romano, y la exaltación de la uirtus de la gente del Lazio. 
Pero un rasgo que me gustaría resaltar de la personalidad del gran estratega romano, y que Polibio nos introduce sin que apenas la notemos, es la de la magnanimidad. 
Esta cualidad del gran héroe de la Segunda Guerra Púnica, la podemos ver en algunos actos del Libro X de Polibio:

El primero de ellos hace referencia a, una vez tomada la ciudad que luego se llamaría Carthago-Nova. Al establecerse y dedicarse todos al pillaje (hecho que es descrito por Polibio pero que luego intenta maquillar el escritor griego), se le ofrece  a Scipius una joven (Polibio, Hist. X, 19, 3); tal vez la más bella de cuantas habría en la ciudad, de origen ibero. Este ofrecimiento es rechazado por el militar, enviando a la muchacha con sus padres de nuevo.

El siguiente, es con respecto a la conversión de los artesanos como esclavos públicos (como bien afirman autores modernos). Pero estos serían liberados al terminar la contienda (Polibio, Hist. X, 17), dando muestras sobre las dificultades y penalidades que se pueden llegar a pasar en una guerra.
Dentro del relato del escritor griego, nos encontramos más ejemplos como estos. Pero no deben ser tomados como hechos fehacientes. Leyendo entre líneas, nos damos cuenta como son intentos e historias insertadas en el relato para intentar suavizar la situación de la llegada de los romanos a Carthago-Nova. No debemos engañarnos. Es un acto de guerra, y necesitaban dar una lección a los púnicos donde más les dolía. Y eso era tomando su capital hispana. Además, los amplios restos de cenizas hallados en algunas excavaciones del centro urbano de la ciudad de Cartagena, nos dicen que la ciudad púnica fue destrozada casi en su totalidad (Calle San Cristobal la Larga, 2005-2006). Incluso podríamos intuir que existirían algunas zonas que no llegarían a ser urbanizadas del todo, y que la ciudad púnica fue más grande en extensión que la romana. Pero este hecho no ha podido ser constatado del todo. Así pues, tenemos unos actos supuestamente magnánimos, que podrían enmascarar una actitud más beligerante ante la población civil. 

lunes, 13 de febrero de 2012

Cneo y Sexto

Hermanos, e hijos de uno de los personajes de la Roma republicana más importantes. Para el devenir, y para el final de la misma. Cneo y Sexto Pompeyo, fueron hijos del gran Pompeyo Magno, a su vez hijo de Pompeyo Estrabón, que había participado en la primera guerra Civil, en torno al año 80 a.C.

Lo poco que conocemos de la vida de ambos, podemos encontrarlo, en gran medida, en dos autores fantásticos, pero que nunca llegaron a conocerse -obviamente, debido a la cronología dispar-: Cicerón y Dion Casio (o Cassius Dio como aparece en el mundo anglosajón). Sus composiciones suponen dos de los ejemplos más notables para explicar la historia de Roma, desde la perspectiva del animal político que fue Cicerón, y el senador de un imperio llevado a menos, como fue Casio.

El primero de ellos, en sus Áticas, relata en parte, la suerte que corrieron ambos hermanos, sobre todo durante la Guerra Civil, que enfrentó a César y Pompeyo, entre el 49 y el 45 a.C. Todos sabemos como acabó: tras Farsalia y Munda, la guerra acabó, y Pompeyo murió en Egipto. El Senado no pudo hacer nada frente al enclenque general de la famila Julia, que llegó al poder absoluto, muriendo pocos meses después -los famosos idus de Marzo-, a manos de los senadores que no veían con buenos ojos su ascensión, observada como un intento de devolver a Roma a los tiempos de la monarquía. No se alejaban mucho de la realidad, y a la sazón, la Historia les ha dado la razón. Pero debemos tener en cuenta que, aunque en Roma existía una República, éste es un modo de gobierno, en nada parecido al de las repúblicas actuales, de corte democrático. Aunque los ilustrados de finales del siglo XVIII como Gibbon, se empeñaran en ver un modelo a seguir en la política a llevar a cabo en su Europa.

Como he dicho anteriormente, las vidas de ambos hermanos, aunque cortas, fueron muy intensas, luchando ardientemente, aun después de perdida la guerra civil, contra los cesarianos que gobernaban ya las provincias. Concretamente en la Hispania Citerior, lugar donde se encuadra nuestra Carthago-Nova, llevaron a cabo varios movimientos bélicos, debido a que tenían el favor tanto de los iberos del Sureste como de los Celtíberos de la zona del valle del Ebro. Esto les hizo fuertes, e incluso acuñaron moneda, como nos relata Luis Amela. Este hecho fue imitado por ellos mismos tanto en Massalia como en Sicilia. 

Tras años luchando y ganando a las tropas cesarianas -no hay que olvidar que Carthago-Nova y Corduba estuvieron bajo su influencia algún tiempo-, un tratado firmado con Lépido -que más tarde formaría parte del segundo triunvirato junto con Marco Antonio y Octaviano-, les llevó fuera de la Península, dejando tras de sí una horda de seguidores, sobre todo en la costa mediterránea.

Así pues, se nos hace difícil imaginar una Hispania unida en la guerra de estos dos monumentos a la táctica e inteligencia militar que fueron Julio César y Cneo Pompeyo Magno. Podemos ver cómo unos pueblos hispanos apoyaban a uno o a otro dependiendo de la filiación que para con ellos se tuviera. Así pues, lo que algunas series de televisión actuales nos relatan -aunque estén basadas en hechos anteriores a las Guerras Civiles- habría que cogerlo con pinzas y colgarlo a secar, para luego, una vez limpio, ver el trasfondo político, que lo hay siempre, de cada manifestación actual. Debemos de tener en cuenta diversos factores a la hora de enfrentarnos cara a cara con las influencias que cada partido político pueda tener en diversos medios, que, a veces, no se esconden frente a ello. Esto, podría decir muy poco de ellos, pues siempre silenciarán lo que no les convenga, y darán coba al contrario. Ante esto, debemos abstraernos de lo que diga cada uno, y mirar con lupa todos sus comentarios, para después, llegar a nuestra conclusión, que nunca ha de ser de color negro o de color blanco. Obviamente todos podemos tener filiaciones de carácter político, y leer o ver diferentes medios, pero nunca debemos dejar que nos engañen del todo. Y nunca dejar que sea el ganador el que explique únicamente el hecho, pues será parcial. Aunque el del perdedor también.

Eso es lo que pasó, a mi juicio -que a veces peco de no tener-, con estos hermanos que, de no haber existido guerra civil -la cual parece ser que comenzó, en parte, con la muerte de su hermana, aunque eso lo dejamos para novelar-, se habrían convertido en dos de los mejores militares que habría tenido Roma. Y seguramente, Octaviano habría sido un chico enfermizo, poco amigo del campo, que destacaría en su labor de escritor.

domingo, 5 de febrero de 2012

Llegada del Padre Ioannes a la "montaña mágica"

Tras hacer dos noches al final en Spartaria, anduvimos el camino que nos separaba la ciudad del enclave en el que ahora nos encontramos.
Los restos de edificaciones paganas campan a sus anchas, con personas que malviven en ellos. A las afueras, hemos observado un cementerio que se está levantando a la margen izquierda de la vía que usamos para dejar la ciudad. Con horror, pude comprobar como en una de las tumbas, estaban tirando parte de los restos de un pobre muerto infeliz, para poner a otro en su lugar, dejando a éste primero a los pies del segundo. Un hedor insoportable llega a nuestras fosas nasales. El olor de la muerte no deja indiferente a nadie. Y menos en esta ciudad, donde cada día llegan nuevos cadáveres procedentes de las guerras que tienen contra los impíos godos. Esos llegados del norte, y que gobiernan desde más allá de las montañas que separan la zona de costa con el interior de Spaniam. Esos que gobernaban en Galia hasta que fueron expulsados por cruenta guerra.
Siguiendo en parte la antigua calzada romana, hemos pasado a caballo por lo que, creo, en otros tiempos fueron enterramientos de los romanos que gobernaron estas tierras, hace unos cuantos siglos. Las personas que viven alrededor, han destrozado el reposo de los que moraban las antiguas ciudades de los muertos. Que saludaban, a veces alegremente, a los caminantes que se acercaban a Carthago, la de las amplias murallas. Murallas que, parece ser que están siendo restauradas en parte. Nos comentó nuestro guía, Apostholos, que también habían visto restos de la que dicen, era la muralla que levantaron los fenicios llegados de Africa. Pero mis compañeros y yo, dudamos que sea cierto. 
Nos habían dicho, que incluso en algunas de las tumbas vivían personas. Y hemos podido constatar que esto es cierto, porque en la Hilada de piedras que quedan intactas de los antiguos, se levantan casas de una sola habitación. Las personas que las habitan han robado parte de las cubriciones de las tumbas, quedando las cenizas y huesos al aire. Es una imagen decadente, que viene a completar lo que pensábamos sobre la "capital" de la Renouatio de Iustinniano.
Pero el contraste con el paisaje que hemos podido ver en los montes cercanos, donde una vez hubo minas, es desolador. Todavía hay pequeños grupos de buscadores de tesoros y mineral, que secuestran a niños y los usan para entrar en las cámaras que quedaron abandonadas. Muchas veces esas cámaras se desploman, quedando los niños atrapados. Mi colega Vercinx, -nombre puesto por su padre, todavía impío-, tuvo que actuar y consolar a un padre. Su hijo, esclavizado por unos malhechores, fue sepultado en una de esas cámaras. Dos semanas después, sólo encontraron su cuerpo desmembrado, y sin brazos. Nuestro hermano, se quedó para acompañar a los padres en la liturgia por el niño, de siete años.
Finalmente, tras un día duro de camino, viendo más crueldades y penas de los hombres, llegamos, como de improviso, a la "montaña mágica". Es como llegar a otro mundo totalmente distinto. Hemos dejado atrás la penosa civilización, y hemos arribado a un vergel, cercano al mar. Todo en él es tranquilidad. Los árboles se agolpan en un festín de vivacidad, llegando a tapar, incluso, la pequeña ecclesia construida a la falda del monte. Tienen razón los que lo tildan de mágico, aunque caigamos en herejía. Sientes una paz al llegar, que te inunda y contactas con Nuestro Creador. Unos hermanos, llegados de diversos puntos del antiguo imperio que ahora se hace pedazos, se han instalado en la ladera del monte, realizando pequeñas cuevas. Viven de ermitaños, y los hermanos que viven abajo les suben comida y agua.
Pronto enviaré noticias sobre cómo es la vida aquí, pues recomiendo a todo cristiano que peregrine, por lo menos una vez, a ésta parte de la Carthaginense, apartada de toda banalidad. 

martes, 24 de enero de 2012

Querido Sherlock

Recientemente, concretamente desde mediados de 2011, vengo siguiendo una serie sobre el tantas veces nombrado Sherlock Holmes; personaje creado por Conan Doyle en 1887. Dicha serie, resulta toda una novedad que, lejos de ser una repetición de lo anterior, nos acerca a un Holmes del siglo XXI, pero sin perder un ápice del carácter que Doyle le imprimiera en los últimos años del siglo XIX. 
Por otro lado, muchas obras se han realizado sobre el personaje: teatro, cine, televisión, series de dibujos animados, lecturas radiofónicas. Y otros muchos se han inspirado en él: "Detective Conan" (serie de dibujos animados japonesa) y el carácter de House (el famoso médico televisivo americano, interpretado por un inglés). 
He de decir, que al igual que dicha serie, las películas de Guy Ritchie, lejos de ser obras de arte del cine, entretienen a su modo; y hacen pasar un rato agradable en el cine. El Sherlock interpretado por Downie Jr. tiene poco que envidiar a otros presentados en filmes anteriores, si acaso esa faceta más aventurera que investigadora. Cosa que sí aporta la serie de la BBC, de la que hace unas semanas se ha estrenado la segunda temporada en el canal TNT España; simultáneamente con la primera temporada en la menos querida por el que escribe, Antena 3.
Como hemos dicho anteriormente, a muchos personajes ha inspirado este ser tosco, frío, calculador, y poco amigo de lo social. Pero, creo, muchos de pequeños, al ver esa serie de dibujos animados en la que Sherlock era un perro, queríamos ser como él. Resolver crímenes y robos; ayudar a nuestra manera... Y eso es lo que parece que ha vuelto con esta revolución del mundo "Doilediano", por llamarlo de algún modo. 
Doyle tuvo otros títulos en su obra literaria, como El mundo perdido, totalmente desaprovechada por la televisión en una serie de ingrato recuerdo, y que curiosamente se parece a Jurassic Park, de otro gran escritor, Michael Crichton, llevada al cine en 1992 por Spielbreg. De hecho, esa novela, era el comienzo de otras andanzas literarias, las del profesor Challenger, y sus viajes por lo desconocido, en Sudamérica.
Un dato curioso que me vino a la mente mientras veía en el cine la segunda entrega del Holmes de Ritchie, fue el como Doyle se anticipa a la política de comienzos del siglo XX, con una aparente Paz. Pero una Paz armada, en la que los diferentes asesinatos por uno y otro bando, hacen que se llegue a una calma tensa en la política europea. Es el clima que él creía que se daba en Europa, desde la década de los 80 del siglo XIX, debido a los continuos conflictos políticos entre las potencias europeas por el control de la Colonización en África y Asia. Conflictos que, años más tarde, darían a la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Más tarde, ya tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), veríamos una segunda etapa, ésta vez con la Guerra Fría, donde USA y URSS se jugaban el controlar puntos estratégicos a modo de colonización económica, para jugar sus bazas en la política internacional, y hacer que el resto de naciones les bailaran el agua. Fruto de ese conflicto no armado, surgirían la guerra de Corea, la de Vietnam, o la de Afganistán.
Y vemos cómo Doyle, dentro de su interpretación de lo que pasaba, se adelanta casi veinte años a los acontecimientos históricos. Él viviría tanto la primera Guerra Mundial, como parte del periodo de "entreguerras", pensando, tal vez, que había dado en el clavo con sus anuncios insertos en sus novelas.
Otro punto que me llamó la atención de manera desmesurada, es que, en el mismo film, vemos como Moriarti es, además de un distinguido profesor de universidad, una mente que piensa en lo económico, y que, con sus empresas de suministros, quiere armar a toda Europa. De ésta manera, una bomba tirada por un alemán, sería de la misma empresa que la tirada por el francés. Y así sucesivamente. 
No sé si Guy Ritchie cogió a Holmes por las razones que se puedan ocurrir, o porque le guste el personaje y quiera darle otro matiz, u otra "vuelta de tuerca" (Turn of screw), a los personajes de Doyle. Pero las comparaciones, ésta vez, no son precisamente odiosas, sino parecidas en extremo.



viernes, 20 de enero de 2012

El almirante Pero Niño: azote de piratas e ingleses

"Como un resorte su barco apareció de entre la bruma, pillándonos desprevenidos. Habíamos oído hablar de su fiereza. Pero ni todos los instructores del mundo podrían habernos preparado para la tormenta de pólvora que nos llovió esa noche en el canal..."


De ésta manera podría haber resumido, de haber sido un marino inglés, lo que les pasaba a diario a los buques que navegaban por el Canal de la Mancha, a inicios del siglo XV. Era cuando los que daban estopa eran los navegantes castellanos, ayudando de algún modo a los vecinos franceses, invadidos desde hacía más de sesenta años por el reino de Inglaterra. Caracterizados por su fineza a la hora de la política, los gobernantes ingleses habían comenzado, en el siglo XIV, una serie de luchas por hacerse con el poder hegemónico en las islas, invadiendo Escocia, la que habían conquistado, no sin la lucha fiera de esos melenudos engreídos de buena Fe, capitaneados por un tal William Wallace.
Nuestro querido amigo Eduardo I, fue el que conquistó dichas tierras, apoyado en una política de desunión de los nobles escoceses. Por aquel entonces, ya estaba en contacto con el reino de Francia, en horas bajas tras las disputas de los herederos de Felipe IV, comúnmente conocido por la historiografía, y el público en general, por ser el que acabó con los templarios.
Bien, en este marco de desconfianza europea, y con la Guerra de los dos Pedros aún reciente (1356-1369), comenzaron una serie de luchas internas en Castilla, para hacerse por la hegemonía de diferentes puntos del Reino. Es en este contexto donde nace Pero Niño.
Hijo de unos nobles menores (1378), a él se le debe el que, mediante su acoso al tener Patente de Corso, los piratas berberiscos, y los corsarios aragoneses, dejaran de atacar navíos castellanos y las costas del Reino de Murcia. 
Debemos apuntar que sus correrías guerreras comenzaron cuando no contaba todavía con dieciocho años, en las guerras intestinas que antes hemos mencionado, apoyando al rey Enrique III. Fue este mismo el que, en 1404, lo sitúa al mando de una flota para que, desde Sevilla, se traslade a Cartagena y realice ataques sistemáticos a las costas del norte de África, presionando de esa manera a los piratas. Otra labor que hubo de cumplir fue la de proporcionar seguridad a los barcos del reino de Castilla que surcaban el Mediterráneo, manteniendo a raya a los corsarios aragoneses, catalanes y mallorquines que acechaban cerca de las costas. Fue así como, tras una primera campaña de ataques a Oran y otras pequeñas poblaciones del actual Marruecos, se vio envuelto en una persecución que lo llevaría a sitiar la ciudad de Marsella. El Papa de Avignon, llamado el Papa Luna (hay que recordar que en ésta época hay un cisma dentro de la Iglesia Católica, y países que apoyan a Roma y otros a Avignon), tuvo que reunirse con el corsario, y convencerlo de que no atacara dicha ciudad. Tras unos días de tensión, finalmente optó por salir de puerto, pero continuó persiguiendo a los corsarios mallorquines hasta Cerdeña. Allí, a la vista de que no podía avanzar, se dirigió a las costas de Túnez, atacando diversas plazas costeras. A la vuelta al puerto de Cartagena, volvió a salir hacia Marruecos, saqueando y luchando en diferentes ciudades de la costa.
Pero su mayor actividad corsaria, la podemos observar en las campañas que dirigió contra ingleses en el Canal de la Mancha e incluso adentrándose en la zona francesa que pertenecía a Inglaterra. Con su pequeño ejército, y de un modo muy "español", plantó su cara castellana ante las puertas de Burdeos, tomando y saqueando la ciudad. Ante tal hecho, fue requerido a París, junto con sus compañeros franceses.  
Tras ese primer encuentro, estuvo durante cinco años atacando posiciones inglesas, sin dejar respirar a los habitantes de las islas cercanas a la costa. Saqueó Portsmouht, Pool y otras poblaciones, empeñándose incluso en llegar a las puertas de Londres. Aunque según la bibliografía, no lo consiguió, engañado por su tripulación la cual creía que era una locura. Supongo que, cuando a este hombre se le ponía alguien entre ceja y ceja, no lo dejaba escapar...como tampoco en sus amoríos, conocidos por toda Europa. Ya que se casó, en segundas nupcias, con Beatriz de Portugal (1409), hija de un infante portugués.
Esas gloriosas campañas inglesas, le valieron que fuera nombrado Primer Conde de Buelna (cerca de Santander).
Tras su vuelta de las mares bravas, y con la empuñadura aun caliente, se dirigió bajo el mando de Fernando de Antequera, a la zona del Reino de Granada, logrando importantes victorias hasta 1413, cuando perdemos la pista de este corsario peculiar. Sabemos que murió en 1453, y hasta nosotros ha llegado una torre que perteneció al corsario (cerca de Santander); y la biografía llamada El Victorial, escrita por Gutierre Díez de Games, que sirvió a sus órdenes desde 1401. En ella, narrada de manera épica, se nos narran las campañas vividas por Pero Niño, de una forma heroica. pero debemos pensar que, mientras que los ingleses tuvieron a Drake, nosotros tuvimos a Pero, Pero-Niño, con licencia para abordar.

Torre de Pero Niño en Buelna (Cantabria)