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jueves, 14 de marzo de 2013

Ignatius (1)

El viento que desde hacía un par de días castigaba la ciudad, había formado extraños cuadros jugando con las formas de las nubes. Unas nubes que parecían retales de pintura blancos en un cielo azul intenso que actuaba de lienzo frío y distante.
El perro de Ignatius corría por la falda del cerro un tanto escarpado y lleno de matorrales que había frente al monasterio, donde algunos de la nueva orden se habían establecido desde hacía unos meses. Él junto con algunos hermanos, se encargaban de llevar comida a los ermitaños, que a veces miraban con cara de extrañeza, como recriminándoles que sólo les llevaran hogazas de pan, agua y un poco de vino. De vez en cuando caía algo de carne sobrante en un pequeño cuenco de madera lleno de caldo frío. Pero, como pensaba Ignatius, ellos habían elegido esa vida, fuera del monasterio, y supuestamente rezando. Aunque muchas veces se escapaban a las calas cercanas a darse un buen baño, -que por otra parte les hacía falta- sobre todo en verano. Y ese verano, concretamente, había sido de los peores que se recuerdan en la zona.
El fuego casi intermitente durante dos semanas, había acabado con muchos de los cultivos de las zonas aledañas, y los pocos campesinos que vivían de sus escuetas pero productivas cosechas, habían buscado asilo en el monasterio. 
Algunos hermanos, como el siempre impertinente Remigius, habían osado echar a patadas a algunos de los habitantes de la zona que sólo pedían un mendrugo de pan para sus hijos, incluso sin que lo supiera el Prior. Eso había enfurecido a Ignatius, que se había enfrentado directamente al pequeño colectivo, ganándose enemigos, ya no solo en la ciudad, si no también entre los suyos. 
De repente, Gaius, el perro de Ignatius, comenzó a ladrar hacia un punto fijo en el horizonte. Este se volvió pero, en un principio no vio nada. Hasta unos cuantos minutos después, no consiguió adivinar lo que su fiel perro le indicaba.

-Otra vez no-, pensó para sus adentros.

Comenzó a correr como alma que llevaba el diablo hacia la entrada de las casas cercanas al monasterio, aunque primero intentó avisar a los ermitaños. Estos, como de costumbre, no estaban en sus cuevas. Habrían salido a dar una vuelta a las ramblas cercanas. Esos pervertidos difrutaban viendo como se lavaban en los riachuelos las muchachas del caserio de detrás de la montaña. Incluso uno de ellos llegó a ser avistado por el dueño, el cual no dudó en apresarlo y empalarlo cerca del riachuelo, para que sirviera de escarmiento. Pero no había servido de nada.
 Las condiciones humanas, humanas son. Para el rico y para el pobre. Para el seglar y para el religioso. Y muchos de los religiosos de su tiempo no llevaban una vida que se pudiera decir ordenada conforme a lo dictaban los diferentes concilios que se habían llevado a cabo, primero en Elvira y más tarde en Toletum. Por desgracia, los monjes como Ignatius no podían hacer nada más que advertir al Prior, y éste, de vez en cuando, mandaba encerrar en las celdas o en las caballerizas a alguno de los que no respetaban las órdenes. Pero nada más salir, volvían a las andadas, espiando a muchachas, paciendo con muchachos, e incluso se dio el caso de un monje que amaba excesivamente a los cápridos.

-Cerdos-, era la única palabra que le salía a Ignatius cuando pensaba en esas situaciones embarazosas.

De repente, volvió en sí. Gaius seguía ladrando en dirección al camino e Ignatius corrió al ver el polvo en el horizonte, esta vez hacia las casas cercanas al monasterio, para avisar a los habitantes de estas para que se resguardaran entre los muros del mismo. Eran casas normalmente de una o dos habitaciones en las que se hacía la vida, se cocinaba, se dormía, etc. Estaban encaladas al exterior, y muchas de ellas tenían un pequeño cercado en el que se guardaban animales como gallinas, cabras u ovejas. En otro tiempo, esos terrenos habían pertenecido al señor del caserio, pero los había donado con la excusa de una cesión a la orden, aunque realmente era porque se trataba de las tierras más yermas de sus propiedades, y las más cercanas al camino por el que pasaban bandidos y ladrones.

-Espero llegar a tiempo para avisarlos, pues sólo les faltaba esto después del año de sequías para que sus vidas queden totalmente destrozadas-, pensó con miedo mientras llegaba a la intersección del camino.


martes, 29 de enero de 2013

De cosos, cubiertas y anfiteatros

Diploma de licenciatura militar romana de la Cohors II Asturum


Hace un par de días aparecía en la prensa la noticia de la caída de la nueva techumbre que se había colocado, en la Plaza de Toros de las Ventas, en Madrid. Cuando vi las imágenes de antes de la caída -que casualmente se iba a inaugurar en los próximos días- me transporté de repente a un universo paralelo en el que todavía estamos en época romana, y nos dirijimos a la inauguración del nuevo anfiteatro, quedando estupefactos ante tan desordenada imagen. El techo en el suelo.
Ahora, obviamente quedará el "depurar" las responsabilidades. Algo que desde siempre ha gustado a los políticos; de ahora y de antes. Precisamente, en el año 64 d.C. se destruyó el anfiteatro Tauro, situado en el Campo de Marte, en el gran incendio provocado por Nerón -siempre según Suetonio- para construir su nueva Roma, echando la culpa, según la tradición y la película Quo Vadis, a los cristianos; cosa poco probable si tenemos en cuenta que por aquel entonces no se distinguían las comunidades cristianas de las judías, y que sería muy poco probable la creación, sólo unos treinta años más tarde de la muerte de Cristo, de comunidades cristianas organizadas. 
Pero volvamos a lo importante: las depuraciones y los edificios públicos. Hoy en día estamos muy poco acostumbrados a que un político de alto rango deje su puesto, o sea llevado a los tribunales por acusaciones o hechos delictivos supuestamente realizados durante su mandato. Sobre todo en nuestro país, con una sociedad tan dada a ensalzar a los ladrones y menospreciar a los trabajadores, que son vistos como "tontos" por no aprovecharse de las situaciones favorables. 
Pero en época romana, salvando las distancias culturales y cronológicas, el ganarse la vida se veía de manera totalmente diferente. Sobre todo para las personas de los estratos altos de la sociedad. Un romano debía comenzar desde el escalafón político más bajo, para conocer todos los entresijos de la política de su ciudad y del estado. Esto estaba totalmente programado por su padre, que dominaba todos los aspectos de la vida del hijo hasta su muerte. Por ello era el Pater Familias, la persona que decidía todo lo que pasaba dentro de su círculo familiar. Algunos autores afirman, de manera un tanto jocosa, que no extrañaría la gran existencia de los parricidios, para poder cobrar herencias y tener las manos libres. Y aquí me gustaría romper una lanza a favor de Cómodo, el emperador hijo de Marco Aurelio que, según la película Gladiator mataba a su padre, cosa totalmente falsa.
Para las mujeres era otro mundo, ya que cuando no estaban dominadas por su padre, esa labor recaía en el tío o familiar más próximo hasta que contraía matrimonio.
Volviendo al tema político, nos han quedado restos importantes para poder investigar las vidas de diversos personajes públicos del mundo romano. Se trata de los epígrafes votivos que nos narran todas las peripecias políticas y militares de cualquier romano de una familia prominente, y que muchas veces, pagaba para que se le hicera. Otras, las más de las ocasiones, era la ciuitas a la que pertenecía la que le obsequiaba con alguna estatua junto con el epígrafe de turno, que loaba a la persona, además, por haber hecho cosas por la ciudad. Es lo que se llama evergetismo. Una faceta del mundo político que hoy en día deberia usarse con más frecuencia. El construir o participar en las edificaciones públicas de la ciudad para poder ganar las elecciones anuales, pero poniendo el dinero de sua pecunia, vamos, de su propio bolsillo, y no con el de los contribuyentes. Un ejemplo de esta táctica lo tenemos en el teatro de Leptis Magna, concretamente en el proscaenium o escenario, que fue sufragado por dos senadores de la ciudad, e incluso sabemos la cifra exacta de sestercios que puso cada uno para la construcción del mismo. En mi ciudad, podríamos citar varios ejemplos relacionados con el teatro y la familia imperial. Pero nos quedaremos con un epígrafe que, personalmente, me encanta. Se trata del referente a una persona perteneciente a la gens Numisia, familia importante de la ciudad durante casi cuatrocientos años, en los que atesoraron numerosos epígrafes. Uno de ellos es el Cursus Honorum, o lo que es lo mismo la biografía pública, de Lucius Numisius, fechado en el siglo II d.C. Gracias a ejemplos como este, sabemos que esta persona disfrutó de una vida política no muy larga, pero que dirigió en el ejército a la Cohors Prima Musulamiarum, una facción de una legión formada por hispanos y mauri, que participó en las Guerras Párticas junto al emperador Trajano, siendo trasladada posteriormente a la zona de la actual Argelia. De hecho, se encontró el castrum exacto en el que vivía esa compañía ya que apareció un diploma de un militar licenciado de esa cohors
Es extraordinario el poder seguir y rehacer las vidas de las personas que a las que hemos sucedido en nuestras ciudades. Cuando encuentro una información como esa, siento que me encuentro relacionado de manera más cercana con esas personas. Y, por qué no, que ellos son los que nos han dejado esas huellas del pasado, para que nosotros podamos volver a componerlo, con sus pros y sus contras.

viernes, 18 de enero de 2013

Una vez más: Roma

El día 27 de Diciembre de 2012 entendí, creo, claramente, lo que significaba para un romano, por otro lado una persona como usted y como yo, pero con toga y del siglo I, la muerte de un ser querido.
Se han tenido que ir algunos cercanos, para darme cuenta de las maneras tan parecidas que, en ocasiones, tenemos de llevar el duelo. Y de "festejarlo". No es que me haya alegrado de ello, obviamente, pero ese día, ocurrió algo que nos acerca a todos mucho más a esa cultura que parece tan lejana, y tan cercana al mismo tiempo. Esa cultura que nos legó muchas de nuestras tradiciones, y de la que nunca nos cansaremos de escribir sobre ella, especular, investigar, excavar, ...
El día de Navidad, murió una de las personas más importantes dentro de mi círculo familiar cercano. Una persona que había vivido la friolera de cien años, aguantando, mirando siempre hacia delante; llevando de la mano a sus hijos en los duros días de posguerra Civil. Una mujer de armas tomar, y una de las personas más inteligentes que he conocido.
Esos días sirvieron para unir a la familia, alejada por los kilómetros recorridos en la vida y en la geografía hispana. Todos estábamos de acuerdo en que, aunque nos da pena perder a un ser querido, ella había vivido mucho, y que ahora descansaría. 
Así pues, para recordar su persona, se celebró una comida familiar, en la que pocos faltaron, sin duda por la lejanía. Y el hecho de celebrar esa comida, esa reunión en la que se recuerdan hechos pasados, sobre todo buenos, con la persona en cuestión, es lo que, en nuestro subsconsciente, nos acerca, una vez más, a nuestra amada Roma.
Ellos, el día del entierro de un ser querido, tras el funeral, se reunían alrededor de la tumba para comer, reir, recordar al difunto, ... Y es exactamente lo que he podido ver reflejado en esa acción tan cercana a mi persona. Y el hecho de poder comprender una actitud tan separada de nosotros en el tiempo, es, sencillamente, increíble e indescriptible. 
Somos el producto de recuerdos unidos por hilos culturales, que, algunas veces, miran al pasado y al interior del ser humano, buscando en los lugares más recónditos de la mente, y sacando aquello que nos une, aunque hayan pasado veinte siglos. 
Somos, igualmente, un reflejo de lo que otros han sido en otros tiempos. Con mentalidades parecidas y diferentes, cercanas y lejanas. Pero siempre en constante evolución, aunque con unos parámetros iguales de comportamiento en algunos conceptos básicos de la especie.
Es igualmente maravilloso ver como todavía hoy, en algunas partes de este mundo mediterráneo, el día de los Difuntos, familiares van a los cementerios a comer con sus antepasados o seres queridos, en esa unión que hace el compartir un mendrugo de pan, o un vaso de agua. Los romanos, incluso hacían unos tubos que unían la tumba con el exterior, por los cuales se introducía comida al muerto. Y, tras el entierro, toda la familia iba a un lugar público a que se abriera y leyera el testamento del difunto. 
Es increíble cómo puede llegar a comunicarse nuestra especie...






miércoles, 19 de diciembre de 2012

Vettones, tibetanos, indios y muertos

En los últimos días, me he quedado perplejo ante un paralelismo que he encontrado en tres regiones muy dipares de nuestro planeta: el centro de la Península Ibérica, el Tíbet y América del Norte.
Es una costumbre que, aunque siempre la hemos tenido ahí las personas a las que nos gusta el western, nunca había tenido en cuenta, por lo menos yo; o no me había dado cuenta. Se trata de la exposición a la interperie de los cadáveres, sobre todo de los guerreros muertos en batalla. Es una costumbre que, aunque podríamos catalogar de "salvaje", realiza la función de querer lo mejor para la persona que muere y que ha de ascender al cielo. 
En el primer caso, el de los Vettones; estos eran un pueblo prerromano de la Península Ibérica, que ocupaba el territorio que actualmente comprende Ávila y sus provincias limítrofes. Formados al amparo de la cultura celta procedente del Norte de Europa, pero con alguna influencia de los iberos del Sur de la Península, formaron parte de una cultura que se ha denominado "Celtibérica" junto con otros pueblos del centro peninsular. Precisamente de esa influencia celta, tendríamos esa exposición pública en las necrópolis, de cuerpos de caídos heróicamente en batalla. De ésta manera, según nos narran autores latinos, como Silio Itálico, al ser devorados por los buitres, sus cuerpos y almas ascenderían antes que las de las personas enterradas, a unirse con los dioses celestiales. Esa tradición, la encontramos en autores como Aristóteles cuando habla de la falta de temor a la muerte que muestran los pueblos celtas. Y, claramente, esa tradición recogida por el sabio griego, la encontramos en Silio y otros autores latinos, como Livio. Repasando un muy buen artículo de Gabriel Sopeña sobre rituales mortuorios y combate en la cultura celtibérica, el autor afirma que, la única muerte digna e la del combate, si nos atenemos a lo que las fuentes, siempre latinas o griegas, nos cuentan sobre estos gradiosos guerreros, que lucharon, codo con codo, con las legiones romanas, -previa conquista romana, no precisamente muy pacífica-.
El siguiente caso, en ésta línea, sería el de las tribus de nativos americanos de América del Norte. Todos los que hallamos visto una película o documental sobre el Oeste, tenemos en la retina imágenes de esos cementerios fuera de los poblados, alejados, donde en unos soportes de madera, se exponía a los muertos, sobre todo los caídos en combate. De hecho, en algunos films como "Pequeño Gran Hombre", basado en la novela homónima, y que venía a denunciar, de una manera velada, la Guerra del Vietnam, incluso algunos nativos se iban a "dejarse morir" a la necrópolis, aunque hay que decir que este esquema responde sólo al comportamiento de algunas comunidades. Fastuosidades hollywoodienses a parte, lo cierto es que estos cementerios existen, y hoy en día, los que no fueron destruidos en las "Guerras Indias" de mediados-finales del siglo XIX, siguen siendo loados, y vetados para el público en general -obviamente-. 
El tercer parentesco de exposición post mortem lo encontramos en el Tíbet. La región, hoy en día invadida por China, intenta seguir las tradiciones culturales. Y la exposición pública de los cadáveres, en una especie de fosas comúnes, fuera de los poblados, es una de ellas. En este caso, son todos los enterramientos los que se realizan de esta manera, sin distinguir clase o condición. Incluso hay unas personas que se dedican a descuartizar el cuerpo y exponerlo a los pájaros para que se lo coman. En ésta ocasión también para llegar antes, según sus creencias, al cielo. Esta tradición también es seguida por tribus como los Menba, que pueblan parte del Tíbet. 
Mención a parte merece el bosque de Aokigahara, cercano al Monte Fuji, en Japón, donde las personas se suicidan, quedando expuestas públicamente para que cualquiera pueda ver los cuerpos.
Es escalofriante, pero es una tradición que se viene repitiendo desde hace decenios.
Así pues, vemos como, de manera necrológicamente increíble, una vez más, la mente del ser humano, es inabarcable. El hecho de que tres culturas totalmente diferentes, y distantes entre sí por miles de kilómetros y años, realicen actos de este tipo, tan parecidos, nos habla mucho de la evolución común de nuestra mente, como especie, dentro de un todo.


Imagen de buitres acechando en un cementerio tibetano




miércoles, 31 de octubre de 2012

Calendarios cíclicos y Renacimiento

Quedan un par de días para celebrar, en muchas partes del mundo, de una manera o de otra, el reencuentro de los vivos con los muertos. Con los seres queridos que ya no están, y a los que se les reserva un día en el año, en muchas culturas, para honrarles. Y la nuestra no iba a ser distinta.
Todos los años, como sabemos, el día 1 de Noviembre muchas personas acuden a los cementerios de diversas poblaciones a llevar flores a sus seres queridos, yacentes y viviendo al otro lado, donde, muchas veces, pensamos que es está mejor, viendo la que se nos vino encima.
En otras partes del mundo, como en la zona anglosajona, es la noche anterior en la que se celebra esa festividad, pero de una manera más histriónica, con disfraces que se burlan de la muerte, tal vez porque no quieren aceptar que es lo único que de verdad llega a todos los seres humanos.
Leyendo la gran obra Mito y realidad, del maestro Eliade, podemos ver cómo estos ritos de paso, que hoy en día vemos tan diferentes entre esas culturas del Norte de Europa y nosotros en el Mediterráneo, son más parecidas de lo que nos creemos. Esto se debe a que compartimos con todos ese culto a los muertos, en una época u otra del año, con diferencias en cuanto a la forma de recrearlo, pero no en lo que se quiere expresar: es un ritual de renacimiento. Y ese ritual podemos extrapolarlo a un aspecto de la vida antigua: la agricultura. Por ejemplo, en la época romana, el día 31 de Octubre (II a.K. Nov.), se dedicaba a la ninfa Pomona -decimos ninfa usando el término de Grimal-, que protegía las cosechas para el año siguiente. Se da la premisa de que el mes anterior, Septiembre, es el mes de la recogida del grano. Para una persona que habitara ésta parte del mundo en aquella época, sería como arrancar la vida a los frutos del campo. Pero esa misma persona vería, como tras un período de lluvias, bajas temperaturas e incluso, algunas veces, nieve, ese campo renace, y el fruto vuelve a brotar, tras plantar una nueva semilla en la tierra. Tierra que es muy importante en otras culturas, como las del Oriente Mediterráneo, pues de ella, según diferentes relatos de la creación, viene el hombre. Esos ritos, podemos verlos hoy en día en el llamado Oktober Fest que se celebra en Alemania a finales de Septiembre. Otra vez la cosecha del cereal y celebración con el producto de este: la cerveza de trigo.
Esa "muerte" y "renacimiento" de la vida en el campo, se refleja en el Rapto de Proserpina o Perséfone en las mitologías griega y romana, para explicar el cambio de estaciones. Aunque casualmente los romanos realizaban los ritos de contentar a los espíritus -buenos y malos- en Mayo. El pater familias se llenaba la boca con habas negras que iba escupiendo por la casa, para que esos espíritus se fueran alimentando y les dejaran en paz. Hoy en día, en muchas culturas, y en la nuestra hasta hace poco, se le deja un plato de comida en la mesa al muerto el Día de los Difuntos, o, tomando una tradición que no tiene que ver con esa celebración, en algunos pueblos de nuestra península, hay personas que se llevan comida al cementerio para comer en la tumba del difunto a visitar. 
Este tipo de celebraciones podemos enmarcarlas dentro del conjunto que supone la cercanía de la llegada de un nuevo año. No hemos de olvidar que la cronología en el mundo antiguo era cíclica. Aunque los años pasaran, siempre teníamos una nueva cosecha que celebrar. En algunas culturas, como en Australia, todos los años algunas tribus aborígenes "repintan" las pinturas rupestres que realizaron sus antepasados, para renovar y afianzar su religión y su cultura, como podemos leer en Eliade. Así mismo, ese calendario de ciclos nos ha llegado a través de transfiguraciones desde el paganismo al cristianismo católico: la Semana Santa, San Juan, Navidad, no son si no alteraciones de celebraciones de otras religiones que se sustituyen para que el pueblo se vaya acostumbrando a la nueva Fe, y de esa manera llegará un momento en que las nuevas generaciones no recuerden por qué se celebraba antes, la fecha marcada en el calendario.
Con respecto a Halloween, que en los últimos años se ha difundido por nuestro país, no es más que otra exaltación de renovación anual, enmascarada de fiesta religiosa. Entiendo que haya muchos detractores, pero es otra tradición que conmemora, de otra manera, lo mismo que los cristianos católicos, pero desde un punto de vista diferente, aunque muchos no sepan su auténtico significado.




Os dejamos un enlace, para que el quiera celebrar de ésta nueva manera la festividad que nos llega en un par de días:

miércoles, 17 de octubre de 2012

Sobre Lepido y la malversación de fondos públicos

En estos tiempos de crisis, en los que, como siempre, la educación y la cultura son las que pagan el despropósito de los que no tienen ni la una, ni la otra, llevamos unos meses inmersos en los llamados recortes. Parece ser, según últimas informaciones aparecidas en diversos medios, que el ministro de educación, puesto un tanto vilipendiado en los últimos años, se propone, de una manera, como hacen muchos políticos, sucinta y sutil, cargarse parte de las letras. Algo que ya han intentado en España muchos ministros, pero desde la época del bipartidismo. No nos creamos que es una cosa nueva.
Obviamente, la educación y la cultura hacen que la persona que las tiene, normalmente, se pregunte cosas, quiera saber más, y acabe enterándose de cosas de las que, como dirían algunos, al final no debieran o quisieran enterarse. La cultura, en general, y el estudio de la Historia y las letras en particular, nos dan una visión global de la evolución de acontecimientos que se dan desde un punto de partida evolutivo hasta el día de hoy. Y el estudio de esos hechos históricos, explica el por qué de muchas realidades contemporáneas. 
Al que escribe, le gusta más zambullirse en la cultura romana, aunque nunca está de más ver en qué influye cada una de las civilizaciones que han pasado por lo que ahora es nuestro país, o cualquier otro, a lo largo de los siglos.
Y trayendo a colación la visión que del conjunto de la mayoría de los políticos españoles, parece que tiene la mayoría de los que habitan esta árida democracia, pasamos a explicar, en parte, de donde vienen algunos comportamientos.
Releyendo el magnífico libro La formación del Imperio Romano de Pierre Grimal, escrito para la "Historia Universal siglo XXI", que tantas veces nos hizo leer nuestro admirado Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Murcia, D. Antonino González Blanco, llego a la pág. 85, en la que se explican una serie de avatares sobre los censores del año 179 a.C. Uno de ellos era Marco Emilio Lepido, Cs. 187 a.C. Éste junto con su compañero en el cargo, mandaron construir el que sería tercer acueducto público de la ciudad de Roma. Pero tuvo que desviarse la obra civil, debido a que Marco Licinio Craso se oponía a que el mismo pasara por sus territorios. Hoy en día, sencillamente se habría expropiado parte de sus terrenos al propietario, y se habría continuado la obra. Pero, cuando investigamos un poco más el tema, y leemos los Dichos y hechos memorables de V. Maximo, podemos llegar a entender, en parte, la negativa de Craso -no confundir con el Craso del siglo I a.C.-. Parece ser, si leemos a Maximo, que Lepido había aprovechado la coyuntura para que el acueducto se desviara hacia parte de sus terrenos, para que estos fueran regados con caudal público, y no gastar dinero propio para realizar unas conducciones privadas. 
Así pues, no hemos de extrañarnos cuando en los medios de comunicación, ciertos personajes que piensan que son políticos por pertenecer a un partido u otro, hacen, hoy en día, exactamente lo mismo que Lepido en el siglo II a.C. -no confundir con el Lepido del Segundo Triunvirato-. 
Ésta información y otras, son las que se desprenden de la lectura de los autores clásicos. Unos autores que, como muchos escritores de hoy en día, escribían sobre lo que pasaba en su época. Eran los periodistas y los cronistas de esa Roma Republicana en ciernes de convertirse en un Imperio. Y precisamente eso es lo que muchas veces, ciertos sectores quieren evitar. Que el alumno, que las personas en general, no lleguen nunca a consultar esos hechos, para que no se puedan comparar con los de ahora, no se hagan preguntas, y no les pidan responsabilidades a las personas que cada cuatro años elegimos precisamente para eso. Para que sean responsables.

viernes, 5 de octubre de 2012

Diferencias entre Scotland y Catalunya

Normalmente, el que escribe, no suele hablar de temas políticos concretos. Pero en esta ocasión, con el revuelo que se ha montado con respecto a la Independencia de Catalunya, me gustaría dar mi más sincera opinión. 
Baste comenzar diciendo, que, personalmente no tengo ningún problema en reconocer los estados que haga falta, siempre y cuando se les deje decidir a sus habitantes si realmente quieren o no serlo de verdad. Pienso que los habitantes de la hasta todavía hoy región de España, deberían poder decidir sobre su futuro, al igual que los del resto de regiones que forman esta pseudomonarquía republicana y parlamentaria. 
El problema viene, cuando desde algunos sectores se quiere comparar la problemática o la situación de Catalunya, con uno de los baluartes del independentismo de los últimos decenios: Scotland. Desde varios focos de opinión estamos escuchando en el último mes, y en otras afrentas anteriores, que deberían de tomar ese ejemplo como el inicio de la independencia, debido a que, según estos sectores de opinión, los casos son similares. Pero, vamos a analizar cada caso por separado, para ver hasta donde son parecidos o diferentes.
Antes de proseguir con ese parentesco o esa diferenciación, nos pondremos un poco al día, -con hechos históricos, nada de opiniones- sobre los nacionalismos europeos. 
Ésta corriente, nacida de la segunda etapa de industrialización de Europa, surgió a mediados del siglo XIX, con carácter unificador, lo que provocó no pocos enfrentamientos en las naciones europeas que se habían formado desde finales de la Edad Media. En concreto, tenemos tres casos claros: los dos primeros son los de Deutschland e Italia, que tras sendas guerras unificadoras, formaron sus correspondientes reinos a finales del siglo XIX. Unos reinos que se verían extinguidos precisamente, por ese afán de unir todas las zonas que tradicionalmente se habían considerado como italianas -tomando el modelo de la Italia romana- o alemanas, -tomando el modelo germanoparlante y del I Reich de Carlomagno, del siglo IX-; el tercer ejemplo sería el de Grecia, donde, al contrario que los ejemplos anteriores, fue la unión del pueblo griego, -excepto Macedonia, como en época de Filipo II- la que consiguió independizarse del Imperio Turco. Un imperio que estaba en horas bajas, y que se extinguiría con el final de la Primera Guerra Mundial y la creación de la República de Turquía por Ataturk.
Surgen entonces, por toda Europa, sectores independentistas que crean gérmenes de partidos políticos que hoy en día podemos observar, como en el caso de Scotland, con el Scottish National Party, que actualmente gobierna el país. Pero a la vez, aparecen una serie de narraciones mitológicas, que darán a creencias que aún hoy en día siguen vigentes. Se crean los héroes nacionales, muchas veces magnificando la figura del mismo. En el tema que nos trae a colación hoy, podríamos nombrar a Wallace, San Jorge. Y en otros países podríamos citar a Viriato, Vercingetorix, Hermman, etc. Se realiza también una revisión histórica, creando historias nacionales en regiones que nunca habían sido estados, o en estados convertidos en región. Otros casos que podemos ver de cerca, serían los de Bohemia -actual Rep. Checa-, Normandía, las regiones yugoslavas, etc. 
Pero ese nacionalismo emergente, que podemos comprobar en las obras de arte, sobre todo pictóricas y arquitectónicas de su tiempo, también trae consigo un ultranacionalismo, que verá vislumbrar los movimientos antisemitas en el centro y este de Europa.
En ese contexto, surgen en la Península Ibérica, tres focos claramente diferenciados. Los dos primeros serían el vasco y el catalán. No vamos a explicar la formación de ambos, pero son de ideas radicalmente diferentes, y a los escritos xenófobos de Sabino Arana me remito. El tercer foco, sería el nacionalismo centralista, surgido para intentar terminar de unificar un territorio que nunca había estado unido del todo.
Bien es cierto, que desde la monarquía de los Reyes Católicos, a finales del siglo XV, se pretende ver una unificación de los dos reinos más importantes de la península: Castilla y Aragón; pero con la llegada de los austrias, esa unión nunca fue fáctica, teniendo en cuenta las diferentes leyes que primaban en cada reino. Sería con la llegada de Felipe V de Anjou y los Decretos de Nueva Planta, cuando finalmente se unifica toda la Corona en una monarquía única.
La zona de Catalunya, que desde el siglo XII pertenecía a la Corona de Aragón, entró dentro de ese organigrama, al igual que todos el resto de territorios. El problema consiste en que, con la implantación de esos decretos, se abolían una serie de derechos que los comerciantes catalanes y aragoneses tenían con respecto al Mediterráneo, y que hicieron, de una manera palpable, retroceder económicamente a la zona. Eso, conllevó a un surgimiento de intento de separación del resto del ente creado por los borbones. Pero no nos engañemos, el 11 de Septiembre de 1714 no se luchaba por la independencia, sino por mantener el sistema austracista, y apoyar a la casa de Austria para que siguiera gobernando la Corona. Otro de los problemas viene cuando, por una serie de abatares desconcertantes, hemos sufrido dos dictaduras en el siglo XX, que han fomentado el que ahora muchos catalanes, y muchas veces con razón, no quieran pertenecer a nuestro país. Al igual que pasa con el País Vasco, aunque este ente nunca fue un país, si acaso una parte, Vizcaya, pertenecía al Reino de Castilla y las otras dos al Reino de Navarra. Con lo cual, si un ente debiera independizarse, sería el Reino de Navarra, con anexión de Vizcaya, y no al revés. Pero es sólo una opinión basada en hechos históricos.
Si acaso, la gran diferencia entre Scotland y Catalunya, es que Scotland sí ha sido un Reino, mientras Catalunya fue una serie de condados visigodos, formados tras la llegada de los musulmanes a la península, que al encontrarse en la zona Noreste, tuvo más contacto con otras partes de Europa. De ahí su cultura diferente a la del resto del país, así como el idioma -no vamos a entrar a explicar las peculiaridades del caso gallego-. Scotland fue invadida desde finales del siglo XIII por gobernantes ingleses que, finalmente, por edictos de 1606 y 1707, consiguieron anexionarse a su vecino del Norte, mientras que en Catalunya nunca ha habido una invasión por parte de "España" ni por parte de otro reino, si acaso podríamos encuadrar las revueltas de los payeses del siglo XVII, como un acto de represión, pero por parte del mismo Reino de Aragón y Principado de Catalunya. 
Así pues, algunos políticos y personas que opinan sobre todo, deberían leerse de vez en cuando, algún libro de Historia, o dejarse asesorar por algún historiador de verdad, para poder hablar con razón, de los presupuestos que vierten en sus discursos. 

lunes, 1 de octubre de 2012

Sobre egipcios y OVNIS

Haciendo zapping esta mañana (debido a las vacaciones forzosas desde hace algunos meses), me he topado con una serie de documentales del Canal Historia, ese gran difusor de la "cultura". 
En esta ocasión, versaban sobre "alienígenas", poniendo como ejemplo la sempiterna lucha entre los que piensan que las pirámides de Egipto, las de Sudamérica o las de Asia, son coincidencias de un comportamiento único del ser humano para reaccionar de manera similar ante presupuestos similares; y los que creen que todo esto forma parte de un plan marcado hace milenios por visitantes de otros planetas, que enseñaron a los "tontos" humanos cómo se construían estos restos arqueológicos, dejando pistas sobre su vuelta. Si nos ponemos a idear, incluso hay quien piensa que Cristo era un enviado de otro planeta, que debe volver para salvar a esos "elegidos".
No estoy en contra de la vida en otros planetas, y al gran Karl Sagan me remito en mi creencia. Pero otra cosa es pretender, como los extremistas religiosos, que todo lo que de momento no podemos explicar, ha sido construido por seres de otro planeta. 
Uno, que ha podido visitar alguno de esos lugares de los que tanto hablan, y los ha podido estudiar en la universidad, tiene su opinión al respecto. Claro está.
Pienso, sinceramente, que estas teorías surgen del pensamiento de parte de la sociedad Occidental, de que las personas que hoy en día se encuentran en países subdesarrollados -donde en parte se encuentran estas "misteriosas" ruinas-, en concreto, sus antepasados, no fueron capaces de desarrollar una tecnología que les permitiera construir dichos restos. Este pensamiento, está cargado, obviamente, de un tinte racista que rezuma por los cuatro costados de esas teorías. Simplificando sus ideas, las cuales no comparto en absoluto, es como decir: un tío con taparrabos no puede construir una pirámide porque como vive en mitad del desierto hace 5000 años, y no en Europa o USA, es tonto, y no sabe de qué va la tecnología. 
Básicamente, es lo que, posiblemente, pensaran la mayoría de esas personas que cuestionan todo lo que desde la ciencia ortodoxa se les dice. No voy a explicar detalladamente la evolución constructiva de todos esos tipos de paramentos realizados. Pero intentaré desgranar uno de ellos, como es el de las siempre polémicas pirámides de Egipto.
Situadas en la llanura de Giza, fueron construidas, sobre todo, en la IV Dinastía. Y responden a una evolución de cientos de años, desde la mastabas primigenias hasta la construcción de la gran pirámide de Keops, símbolo de esa evolución. Las primeras tumbas reales egipcias, nos dan la pista de hacia dónde querían evolucionar los faraones, como vemos en las primeras mastabas antes mencionadas. No entiendo, como teniendo esos ejemplos tan claros, los pseudocientíficos que se dedican a contradecir todo lo investigado, no las cuentan entre esas pruebas que dicen aportar. Curiosamente, creo que casi ninguno de ellos, se ha acercado nunca a una excavación arqueológica seria, en ninguno de los sitios donde, dicen, se encuentran esas pruebas. Ninguno, o casi ninguno de ellos, ha estudiado Historia, Antropología o Arqueología. Vamos, es como si me pusiera yo mismo a operara a una persona, pero sin haber estudiado medicina y sin haberme acercado nunca a un quirófano. Menos mal, que las vidas de los pacientes que nosotros tratamos, se fueron hace tiempo.
Muchas de estas personas, no comprenden cómo el ser humano, con las herramientas que ha tenido en cada época histórica o prehistórica, ha podido valerse por sí mismo dentro del mundo animal y de la climatología. Pero esa adaptación, es la diferencia básica entre nosotros y el resto de animales. Así pues, les rogaría, que muchas veces, antes de hablar sin conocer, se ilustraran un poco. Estoy cansado de ver por televisión máquinas para fabricar maná, enviados especiales de otros planetas, cilindros con formas que ellos no comprenden, etc. Si echaran un leve vistazo a la evolución de la tecnología humana, encontrarían en el ser humano, esas respuestas que buscan fuera de él.



Cantero egipcio usando herramientas muy parecidas a las encontradas en excavaciones arqueológicas

jueves, 13 de septiembre de 2012

Imperium, o el "triunfo" del peplum

El cine peplum, esa moda de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, dejó algunas cosas malas en el imaginario social sobre el comportamiento de las sociedades antiguas, pero también una corriente crítica hacia los temas de actualidad en aquel momento.
La película Espartaco, por ejemplo, nos dejaba ver, entre tupidos velos, las opiniones políticas de su actor principal, -el gran Kirk Douglas- y el que fuera su director, Stanley Kubrick, sobre la llamada Caza de brujas contra algunos sectores del mundo hollywoodiense. O películas como El león de Esparta, -que sirvió de inspiración a Frank Miller para escribir la novela gráfica 300- y Alejandro Magno (1956), daban una muestra velada de la opinión que se tenía en otro sector de la meca del cine, sobre la Guerra Fría. Eso se debe a la dualidad que se muestra en esos films entre Oriente y Occidente. Siendo Occidente Estados Unidos, y los persas la URSS. 
Hoy en día, en películas como El reino de los cielos, el director nos habla, en los créditos de la primera edición en DVD, de su intención de hacer esa película para dar su visión sobre la Guerra de Irak de 2002-2003.
Ésta, es una cualidad que, aunque a muchos les duela, los americanos suelen hacer con su cine, aunque nosotros nos quedemos prendados de las telas de Cleopatra o la muerte de Marco Aurelio a manos de su hijo (cosa totalmente falsa). Y, aunque nos duela, en España parece que todavía no hemos llegado a ese nivel (aunque en algunos aspectos sí, ahora diré porqué).
Esa sensación de vacío, de una serie que no me ha dicho nada, es la que he tenido esta noche viendo la serie Imperium. Muchas personas cercanas me advirtieron de que no la viera. Pero, desobedeciendo las indicaciones, me he decidido a echarle un ojo. Es cierto que intenté ver el primer capítulo y sólo duré cuatro minutos de reloj. Pero me propuse ver este segundo entero.
Obviamente, las críticas de actuación son fáciles (siempre desde el respeto, pues uno no es actor, y supongo que se habrán esforzado mucho). Los personajes no muestran ningún tipo de sentimiento, los malos son muy malos, los buenos muy buenos. Supongo que los guionistas lo harán para que el público se encariñe de algunos personajes y deseche a otros. O para que sigan creciendo los que vilipendian a Galba, que parece ser que tras la serie Hispania, son muchos. Los decorados son lo único que se salva, a grandes rasgos, de la serie. Pero, si le echamos un ojo a los decorados en los que la gente no se suele fijar, vemos unos fallos bastante graves. Supongo que obviamente, los que no estudian o han estudiado Historia, no se darán cuenta (no es su obligación). Pero veamos a qué me refiero.
Por ejemplo, en la taberna, algunas de las cerámicas que usan para beber o comer, no se fabricaron en Roma hasta el siglo III d.C., en la zona del Norte de África. Me estoy refiriendo a la Terra Sigillata Africana. Pero, es más, ese tipo de producción cerámica de barniz rojo, no comenzó a fabricarse en Roma hasta un siglo después de la muerte de Galba, aproximadamente. El problema es que, generalmente, no nos damos cuenta, porque lo vemos "romano". Pero es, para que lo entiendan todos, como si para hacer una caracterización del descubrimiento de América, cogemos a Colón y lo vestimos de Al-Capone. Así sí se darían cuenta la mayoría, ¿verdad?.
La vestimenta es algo que me deja atónito. Las mujeres en Roma llevaban una especie de sujetador, aunque parece que en la serie siempre van con los pechos sueltos. El tipo de tejidos que se solían usar en esa época son los linos y la lana, no las gasas. Y los esclavos solían ir vestidos de colores chillones, para diferenciarse de sus amos. Y siempre de un solo color. Los hombres no llevaban la toga de esa manera, y es que hasta en internet hay ejemplos en diversas páginas web de cómo vestirse cuando se ha llegado a la mayoría de edad, o cuando se ha casado, o cuando se va al senado. No creo que a los de vestuario les hubiera costado mucho entrar en esas páginas e informarse un poco. Pero lo peor es ver a un senador entrar en el Senado con unas caligae, que eran el calzado de los soldados, cuando en toda la escultura aparecida no solo en excavaciones en España, sino en todo el orbe romano, aparecen ejemplos de senadores con su calzado. Incluso en las pinturas al fresco. 
Entrando en los personajes, supuestamente reales, de la trama, decir que Galba sólo estuvo una vez en Hispania, y a estas alturas debería estar a punto de morir, o de viejo, o por sentirse mal al estafar al tesoro público después de una campaña militar. Y dudo que tuviera una hermana llamada Cornelia, a no ser que ésta se hubiera casado con un hombre de la gens Cornelia. Las mujeres en Roma no tenían nombre propio, sólo el de la familia en femenino. Con lo cual, su hermana debería llamarse Sulpicia Galba. 
El gran problema que le veo a la serie, es que no pretende introducirnos en cómo se vivía en Roma en el siglo II a.C., si no hacer ver lo que nos parecemos a los romanos. Y créanme, religiosamente nos parecemos bastante, pues tenemos grandes ejemplos de suplantación de dioses romanos y fiestas por otros cristianos. Pero a parte de eso, la sociedad romana es totalmente diferente a cómo vivimos hoy en día. Bien es cierto que los sentimientos del ser humano apenas cambian. Todos son capaces de sentir amor u odio. Pero hacia qué sienten esos sentimientos es lo que hace diferentes a los romanos del resto de culturas. Obviamente porque cada cultura tiene un momento y una evolución. Poniendo un ejemplo de la serie: en este capítulo en el que luchan dos gladiadores y uno mata a otro, nunca un gladiador habría matado a otro, si el senador que preside el acto, no lo decide. Y normalmente, en estos actos, la muerte de un gladiador era casi imposible -en época republicana-, debido a que lo normal era que con las heridas se decidiera que se suspendía el combate y se daba al otro por ganador. Solo en contadas ocasiones se realizaba la muerte del vencido, en lo que algunos estudiosos han visto una manera de muerte ritual.
Una cosa que sí logró Antena 3 con su serie Hispania, era que la gente se identificara con la causa de Viriato, como si todos fuésemos uno contra el invasor, el extranjero. ¿No les suena eso de algo? Sí, son mentalidades políticas que intentan acercar a la ciudadanía a una postura sobre temas de actualidad, como hacían en las películas antes comentadas brevemente. Así pues, os espectadores de Hispania se tragaron, en su mayoría, que Viriato es el gran héroe hispano, cuando fue otro más, Lusitano además, de los que luchó contra Roma. Bien es cierto que su lucha significó un intento de coalición, como un siglo más tarde haría Vercingetorix en Galia, contra esa máquina que era el ejército romano. Pero hubo valor en Numancia, en las Guerras Cántabras, o en la revuelta de los Contestanos a inicios del siglo II a.C. que supuso la destrucción de varios asentamientos en la zona del actual Norte de Murcia. 
No nos dejemos engañar.

miércoles, 15 de agosto de 2012

¿Son realmente tan diferentes las culturas oriental y occidental?

En este largo tiempo transcurrido entre la última entrada y esta que realizo ahora, ha llegado a mis manos un ensayo realizado por Harry H. Gelber, titulado El dragón y los demonios extranjeros. He de reconocer que mi idea sobre la cultura china en general, y su historia en particular, es muy difusa, vaga, llegando a ser casi inexistente. Normalmente, por deferencia o indiferencia, muchos nos inclinamos a estudiar las culturas más cercanas. A mí, personalmente, me encanta la cultura romana. Por eso muchas de las entradas del blog van encaminadas a resaltar pequeñas anécdotas de esa civilización que nos ha dado a luz, de manera figurada, junto con la griega, a los que ahora nos llamamos occidentales. En todos los aspectos diarios vemos ejemplos que las personas de nuestras sociedades ponen sobre comparación de culturas anteriores o posteriores en el tiempo, pero dentro de un mismo espacio que es Europa. 
¿Qué es lo que pasa cuando encontramos esos mismos parecidos en culturas o civilizaciones tan lejanas en el espacio, pero no en el tiempo?
Leyendo la página 39 del ensayo antes mencionado, el autor nos habla de una sociedad en la que la guerra es considerada algo sagrado, en torno al siglo V a.C., haciendo comparativos a veces con las culturas griega y romana, para que sea más entendible a nuestros ojos. Pero hay una pequeña frase que, de repente, hizo que me dejara perplejo: los chinos realizaban "triunfos" al modo romano cuando ganaban una guerra o una campaña militar. Hasta la dinastía Qin y la dinastía Han -que comprende más o menos los siglos de esplendor, en parte, de la cultura romana- al realizarse la guerra como un acto religioso más, se celebraban este tipo de actos cuando un general o un emperador conseguía algún tipo de triunfo militar. Así que, debemos imaginarnos toda la pompa que rodearía a estos actos, con las consabidas marchas militares por la capital del imperio, frente al Rey de todo lo que está bajo el cielo.
Este tipo de actos, para nosotros son comunes en la cultura romana, donde en las películas del género peplum o incluso en series de televisión recientes, asistimos a la celebración de triunfos. Digamos que estamos familiarizados con estos actos de promoción personal pero con una carga religiosa grande, pues se realizaban sacrificios -incluso humanos, por ejemplo, en Roma- en honor de diversos dioses. De hecho, sobre la celebración del triunfo en época romana, recomendamos un ensayo de Mary Beard titulado El triunfo romano, donde la autora nos explica desde el punto de vista de las fuentes escritas la evolución del mismo, hasta su desaparición ya en época bajoimperial. 
Así pues, aunque sólo sea en estos casos puntuales, encontramos grandes parecidos entre lo "nuestro" y lo de los demás. Parecidos que nos deberían hacer reflexionar sobre otros muchos temas. 

En siguientes entradas iremos añadiendo algunos de estos parecidos, que nos acercan más a la cultura del Río Amarillo.