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miércoles, 30 de mayo de 2012

Rayos, truenos, centellas y malos augurios






Hace unos días, haciendo zapping mientras esperaba que comenzara una de mis series favoritas, me topé con una noticia, dada en un canal de televisión nacional, donde se decía, que el avión que conducía al flamante nuevo presidente de la Rep. Francesa, Hollande, a Alemania, tuvo que dar la vuelta en pleno vuelo debido a un rayo. A su vez, el periodista hablaba de un "mal augurio", el cual se confirmó a la llegada de éste a Alemania. Al ser recibido por la señora Merkel (Angie para los amiguetes de su querida RDA), todo fueron malas caras, malas posturas; en fin, un primer viaje al extranjero siendo Presidente de la República, que este hombre nunca olvidará.
Traigo a colación esta noticia, para ver, que en alguna manera, ese substrato que los romanos dejaron en nosotros, no se ha ido del todo. Cada día, desde que nos despertamos, la superstición nos acompaña allá donde vayamos. Desde el pie que debemos poner en primer lugar en el suelo al levantarnos de la cama, no pasar bajo una escalera, el temido número trece... Toda una serie de medidas para protegernos, entre otras cosas, del "mal de ojo". Esa maldición tan típica en casi todas las culturas conocidas, y que hoy en día muchos siguen intentando erradicar. 
Siempre se ha dicho, que la persona que podía "ver" y quitar el mal de ojo, era una persona que tenía, aunque no se confirmara, algún tipo de poder. Incluso en mi familia y vecinos cercanos, encontramos siempre a alguien a mano capaz de quitarlo.
En Roma, a los niños, a parte de los fallos que les colgaban desde bien pequeños, se les ponía en la frente una especie de nudo, que hoy en día nosotros colocamos en el ombligo de nuestros pequeños. Por lo que, el ser humano mediterráneo no ha cambiado mucho, a excepción de llevar pantalones. Esa es una de las pocas cosas que nos legaron nuestros amigos del Norte, -los visigodos-; junto con el resto de tribus germanas, bárbaras, que asolaron el Imperio Occidental en el siglo V. 
Volviendo a los rayos antes mencionados, en época clásica, el que un rayo o un trueno sonara de una manera o de otra; o el simple hecho de que empezara a llover dependiendo de qué situación, podía ser interpretado como algo que diera buena o mala suerte. 
Y con los animales pasaba algo parecido. Incluso en Roma había un sacerdote especializado en cuidar unos gansos sagrados para la ciudad. Y ni que decir tiene el vuelo de las aves, dependiendo del número de éstas, o de que volaran en círculo o no. En ese aspecto siempre recordaremos al queridísimo Rómulo, y su manera de fundar la ciudad eterna.
Hoy en día, en nuestras culturas, que parecen tan alejadas de aquellas de los filósofos que se entremezclaban con la sangre de la arena del anfiteatro, pintadas obscenas y comportamientos tradicionales; encontramos parecidos más que razonables, para pensar que no hemos cambiado tanto.
Valga el ejemplo del periodista antes citado. Y en el mundo animal, podremos dos ejemplos:
El primero es el conocidísimo de la India, donde las vacas campan  a sus anchas, e incluso hay penas de cárcel para aquel que ose molestarlas.
El segundo se da en el cerró Verdún, en Uruguay, donde las arañas pasean por todo el cerro, y no pueden ser interrumpidas en su labor vital, por cualquier persona que pase, la cual debe respetar todo lo que éstas hagan.
Un tercer ejemplo que me gustaría añadir, ya en Europa, lo encontramos en la localidad italiana de Cocullo. En dicha ciudad, todos los años, para celebrar la festividad de su patrón, Santo Domingo de Sora, sueltan serpientes vivas por el trono del santo. E incluso las personas posan los reptiles en sus cuerpos, pensando que no les van a picar. Esto se debe al culto de época preromana, en el cual se loaba a una diosa de origen etrusco, que protegía a las personas del veneno del áspid. Ya en la Alta Edad Media, la Iglesia Católica, para evitar el culto a dicha diosa, incluyó el culto al santo antes nombrado, para sustituir un culto pagano por otro cristiano, como tantas veces a pasado en todas las religiones.
Esto, finalmente, nos hace pensar si toda nuestra tecnología y nuevo modo de vida, sirve para alejarnos de esas tradiciones, o simplemente también nos acerca más a ellas.

PHS