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jueves, 3 de mayo de 2012

Sobre la miseria humana (Fr. 1 West)

"Hijo mío, Zeus gravitonante posee el cumplimiento 
de todo cuanto existe
y todo lo dispone según su voluntad.
Pero los hombres no tienen conciencia de ello,
sino que, pendiente de lo de cada día,
como ganado viven, sin tener idea
de cómo haá la divinidad que cada cosa concluya."


Con estos versos, editados en 2002 por Emilio Suárez de la Torre para la ed. Cátedra, Simónides de Samos, poeta griego que vivió encabalgado entre el siglo VII-VI a.C., definía lo que para él era esa dejadez humana cuando se sabe protegida por un algo superior. Vemos, analizando el texto, que el poeta -y también activo fundador de ciudades, según algunas fuentes escritas tardías- ve que la gente de su tiempo se siente relajada, esperando que todo vaya como ha ido siempre. Pero sin mover un ápice para hacer que las cosas vayan. 
Zeus, que todo lo mueve, hace y deshace a su voluntad, aunque eso no le vaya bien al mortal. Él es un dios. El mayor de los dioses, después de imponerse a Cronos. Le dan igual, en cierto modo, los designios de los humanos. Unos humanos, que viven para ellos mismos, sin pensar en el prójimo, ni en el grupo.
Hoy en día, la mayoría nos vemos rodeados de esa desidia. Una dejadez que hace que nuestros dirigentes, llamémosle Zeus, hagan y deshagan a su antojo, sin importarles lo que o a quien se lleven por delante. Y nosotros, pobres mortales, nos abstraemos de todo, viviendo a lo nuestro. Sin compartir con nadie. A veces, ni con los más cercanos, mientras vemos como nuestro vecino se vuelve imberbe; pero sin remojarnos las barbas. Todo nos da igual. No hay cooperación, y vivimos en una burbuja, en una caverna, en la que sólo vemos lo que nos dejan ver.
El pesimismo y la soledad deberían invadir las costas físicas de cada uno. Y sálvese quien pueda.