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viernes, 5 de octubre de 2012

Diferencias entre Scotland y Catalunya

Normalmente, el que escribe, no suele hablar de temas políticos concretos. Pero en esta ocasión, con el revuelo que se ha montado con respecto a la Independencia de Catalunya, me gustaría dar mi más sincera opinión. 
Baste comenzar diciendo, que, personalmente no tengo ningún problema en reconocer los estados que haga falta, siempre y cuando se les deje decidir a sus habitantes si realmente quieren o no serlo de verdad. Pienso que los habitantes de la hasta todavía hoy región de España, deberían poder decidir sobre su futuro, al igual que los del resto de regiones que forman esta pseudomonarquía republicana y parlamentaria. 
El problema viene, cuando desde algunos sectores se quiere comparar la problemática o la situación de Catalunya, con uno de los baluartes del independentismo de los últimos decenios: Scotland. Desde varios focos de opinión estamos escuchando en el último mes, y en otras afrentas anteriores, que deberían de tomar ese ejemplo como el inicio de la independencia, debido a que, según estos sectores de opinión, los casos son similares. Pero, vamos a analizar cada caso por separado, para ver hasta donde son parecidos o diferentes.
Antes de proseguir con ese parentesco o esa diferenciación, nos pondremos un poco al día, -con hechos históricos, nada de opiniones- sobre los nacionalismos europeos. 
Ésta corriente, nacida de la segunda etapa de industrialización de Europa, surgió a mediados del siglo XIX, con carácter unificador, lo que provocó no pocos enfrentamientos en las naciones europeas que se habían formado desde finales de la Edad Media. En concreto, tenemos tres casos claros: los dos primeros son los de Deutschland e Italia, que tras sendas guerras unificadoras, formaron sus correspondientes reinos a finales del siglo XIX. Unos reinos que se verían extinguidos precisamente, por ese afán de unir todas las zonas que tradicionalmente se habían considerado como italianas -tomando el modelo de la Italia romana- o alemanas, -tomando el modelo germanoparlante y del I Reich de Carlomagno, del siglo IX-; el tercer ejemplo sería el de Grecia, donde, al contrario que los ejemplos anteriores, fue la unión del pueblo griego, -excepto Macedonia, como en época de Filipo II- la que consiguió independizarse del Imperio Turco. Un imperio que estaba en horas bajas, y que se extinguiría con el final de la Primera Guerra Mundial y la creación de la República de Turquía por Ataturk.
Surgen entonces, por toda Europa, sectores independentistas que crean gérmenes de partidos políticos que hoy en día podemos observar, como en el caso de Scotland, con el Scottish National Party, que actualmente gobierna el país. Pero a la vez, aparecen una serie de narraciones mitológicas, que darán a creencias que aún hoy en día siguen vigentes. Se crean los héroes nacionales, muchas veces magnificando la figura del mismo. En el tema que nos trae a colación hoy, podríamos nombrar a Wallace, San Jorge. Y en otros países podríamos citar a Viriato, Vercingetorix, Hermman, etc. Se realiza también una revisión histórica, creando historias nacionales en regiones que nunca habían sido estados, o en estados convertidos en región. Otros casos que podemos ver de cerca, serían los de Bohemia -actual Rep. Checa-, Normandía, las regiones yugoslavas, etc. 
Pero ese nacionalismo emergente, que podemos comprobar en las obras de arte, sobre todo pictóricas y arquitectónicas de su tiempo, también trae consigo un ultranacionalismo, que verá vislumbrar los movimientos antisemitas en el centro y este de Europa.
En ese contexto, surgen en la Península Ibérica, tres focos claramente diferenciados. Los dos primeros serían el vasco y el catalán. No vamos a explicar la formación de ambos, pero son de ideas radicalmente diferentes, y a los escritos xenófobos de Sabino Arana me remito. El tercer foco, sería el nacionalismo centralista, surgido para intentar terminar de unificar un territorio que nunca había estado unido del todo.
Bien es cierto, que desde la monarquía de los Reyes Católicos, a finales del siglo XV, se pretende ver una unificación de los dos reinos más importantes de la península: Castilla y Aragón; pero con la llegada de los austrias, esa unión nunca fue fáctica, teniendo en cuenta las diferentes leyes que primaban en cada reino. Sería con la llegada de Felipe V de Anjou y los Decretos de Nueva Planta, cuando finalmente se unifica toda la Corona en una monarquía única.
La zona de Catalunya, que desde el siglo XII pertenecía a la Corona de Aragón, entró dentro de ese organigrama, al igual que todos el resto de territorios. El problema consiste en que, con la implantación de esos decretos, se abolían una serie de derechos que los comerciantes catalanes y aragoneses tenían con respecto al Mediterráneo, y que hicieron, de una manera palpable, retroceder económicamente a la zona. Eso, conllevó a un surgimiento de intento de separación del resto del ente creado por los borbones. Pero no nos engañemos, el 11 de Septiembre de 1714 no se luchaba por la independencia, sino por mantener el sistema austracista, y apoyar a la casa de Austria para que siguiera gobernando la Corona. Otro de los problemas viene cuando, por una serie de abatares desconcertantes, hemos sufrido dos dictaduras en el siglo XX, que han fomentado el que ahora muchos catalanes, y muchas veces con razón, no quieran pertenecer a nuestro país. Al igual que pasa con el País Vasco, aunque este ente nunca fue un país, si acaso una parte, Vizcaya, pertenecía al Reino de Castilla y las otras dos al Reino de Navarra. Con lo cual, si un ente debiera independizarse, sería el Reino de Navarra, con anexión de Vizcaya, y no al revés. Pero es sólo una opinión basada en hechos históricos.
Si acaso, la gran diferencia entre Scotland y Catalunya, es que Scotland sí ha sido un Reino, mientras Catalunya fue una serie de condados visigodos, formados tras la llegada de los musulmanes a la península, que al encontrarse en la zona Noreste, tuvo más contacto con otras partes de Europa. De ahí su cultura diferente a la del resto del país, así como el idioma -no vamos a entrar a explicar las peculiaridades del caso gallego-. Scotland fue invadida desde finales del siglo XIII por gobernantes ingleses que, finalmente, por edictos de 1606 y 1707, consiguieron anexionarse a su vecino del Norte, mientras que en Catalunya nunca ha habido una invasión por parte de "España" ni por parte de otro reino, si acaso podríamos encuadrar las revueltas de los payeses del siglo XVII, como un acto de represión, pero por parte del mismo Reino de Aragón y Principado de Catalunya. 
Así pues, algunos políticos y personas que opinan sobre todo, deberían leerse de vez en cuando, algún libro de Historia, o dejarse asesorar por algún historiador de verdad, para poder hablar con razón, de los presupuestos que vierten en sus discursos.