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martes, 3 de enero de 2012

Año nuevo en la antigua Roma

Comenzamos el año 2012 desde el supuesto nacimiento de Ieshua Bin Ioseph; así como lo explicó Dionisio Exiguo, hace ya más de milenio y medio. Es posible que dicha fecha haya sido realizada con un error de unos cuatro o cinco años, debido a que la supuesta ida a Egipto se produce en la época del censo de Augusto, que se celebró en torno al año 4 a.C. Aun así, la celebración del fin de año y comienzo del siguiente es, como en otras muchas culturas, un vestigio que nos queda de cuando el ser humano no se medía con líneas, sino con círculos. Cuando la plantación y recolección de alimentos (lograda unos milenios atrás), suponía el cambio más importante de una estación a otra, y los dioses eran los ríos y las montañas.
Unida a esa tradición, se nos conserva la del nacimiento de Cristo, que otros autores, también basándose en los textos bíblicos, suponen en torno al comienzo de la primavera, y no en las fechas en las que lo celebramos.
En época romana, estas fechas de celebración suponían, para unos, el nacimiento de Mitra (dios adorado sobre todo en Persia, representado con un gorro frigio matando a un toro). Para otros, era la celebración de la Saturnalia (las fiestas de Saturno). Se realizaban en torno a finales de Diciembre de cada año, en honor al dios de la Agricultura, Saturno. Y terminaban con la fiesta del Sol Invicto, el día 25 de dicho mes, coincidiendo también con la festividad mitraica; y además el comienzo del año, ya desde época republicana, suponía el comienzo de las nuevas magistraturas.
Era una festividad concebida para la celebración del fin del oscurantismo, de los días de lluvia; y la llegada del día, de la luz que a todos da vitalidad. De hecho, incluso a los esclavos (no considerados personas normalmente) se les otorgaban días de vacaciones.
Un tema que toca más la moral del que escribe, es el referente al comienzo de la celebración de las Saturnalia. la batalla del lago Trasimeno en 217 a.C., cuando Anibal, al mando de su poderoso ejército púnico, derrotó al ejército romano que intentó cortarle el paso, para evitar su acercamiento a Roma. Una Roma que, sin embargo, no vio al general cartaginés pasear por sus calles, celebrando un triunfo que, sin embargo, en terreno abierto fue arrollador. Suponemos que, años más tarde, tomadas Kart-Hadast, Gadir y su amada Carthago, se arrepintió de no tomar la ciudad eterna. Pero eso nunca lo sabremos. Aunque podemos realizarnos varias preguntas, que muchos otros se han hecho antes como ¿por qué no tomó Roma cuando pudo hacerlo?; ¿qué hubiera ocurrido si hubiera tomado la ciudad?, ¿hablaríamos ahora un neopúnco mezclado con lengua latina?
La derrota del lago Trasimeno supuso un gran barapalo para los romanos, que veían como este "hombre del saco", se acercaba peligrosamente. Pero supieron recomponerse y mandar a un joven Escipión al mando de, según Polibio, en torno a 22000 hombres, para tomar las posesiones peninsulares de los púnicos. Tras desembarcar en torno a Tarraco y llegar a la llamada más tarde Carthago-Nova, tomó dicha ciudad, acabando de un plumazo con las opciones púnicas. Hay fuentes literarias que nos hablan de un intento de retomar la ciudad por parte de los generales púnicos que andaban en luchas y razzias contra los iberos (Polibio y Tito Livio), pero fueron repelidos fácilmente por las tropas del general romano. Se demostró así, que hasta la mejor de las fortalezar puede ser tomada si no dispone de una buena defensa. Y a los púnicos en Carthago-Nova les pasó eso mismo. Dispuestos de un paupérrimo ejército de en torno a 1000 hombres de armas (siempre según Polibio), tuvieron que resistir un ataque desde tierra y mar, siendo bloqueadas todas las comunicaciones con el exterior. Con lo que si no hubieran claudicado por las armas, lo hubieran hecho por el hambre. Más tarde, en otros episodios bélicos de la antigua Roma, hemos visto como ese esquema (la contravallatio), como el de sitiar la ciudad mediante el hambre, han sido usados por "generales" romanos. El propio Escipión Emiliano lo usó para tomar Numancia; y casi un siglo más tarde Julio César volvió a usar la misma táctica, ante el temor de una más posible internada del resto de las tribus celtas-galas en el sitio de Alesia.
Así pues, podemos observar como todo en la Historia puede ir totalmente conectado, desde las siempre nombradas Guerras Púnicas hasta nuestros días.