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viernes, 20 de enero de 2012

El almirante Pero Niño: azote de piratas e ingleses

"Como un resorte su barco apareció de entre la bruma, pillándonos desprevenidos. Habíamos oído hablar de su fiereza. Pero ni todos los instructores del mundo podrían habernos preparado para la tormenta de pólvora que nos llovió esa noche en el canal..."


De ésta manera podría haber resumido, de haber sido un marino inglés, lo que les pasaba a diario a los buques que navegaban por el Canal de la Mancha, a inicios del siglo XV. Era cuando los que daban estopa eran los navegantes castellanos, ayudando de algún modo a los vecinos franceses, invadidos desde hacía más de sesenta años por el reino de Inglaterra. Caracterizados por su fineza a la hora de la política, los gobernantes ingleses habían comenzado, en el siglo XIV, una serie de luchas por hacerse con el poder hegemónico en las islas, invadiendo Escocia, la que habían conquistado, no sin la lucha fiera de esos melenudos engreídos de buena Fe, capitaneados por un tal William Wallace.
Nuestro querido amigo Eduardo I, fue el que conquistó dichas tierras, apoyado en una política de desunión de los nobles escoceses. Por aquel entonces, ya estaba en contacto con el reino de Francia, en horas bajas tras las disputas de los herederos de Felipe IV, comúnmente conocido por la historiografía, y el público en general, por ser el que acabó con los templarios.
Bien, en este marco de desconfianza europea, y con la Guerra de los dos Pedros aún reciente (1356-1369), comenzaron una serie de luchas internas en Castilla, para hacerse por la hegemonía de diferentes puntos del Reino. Es en este contexto donde nace Pero Niño.
Hijo de unos nobles menores (1378), a él se le debe el que, mediante su acoso al tener Patente de Corso, los piratas berberiscos, y los corsarios aragoneses, dejaran de atacar navíos castellanos y las costas del Reino de Murcia. 
Debemos apuntar que sus correrías guerreras comenzaron cuando no contaba todavía con dieciocho años, en las guerras intestinas que antes hemos mencionado, apoyando al rey Enrique III. Fue este mismo el que, en 1404, lo sitúa al mando de una flota para que, desde Sevilla, se traslade a Cartagena y realice ataques sistemáticos a las costas del norte de África, presionando de esa manera a los piratas. Otra labor que hubo de cumplir fue la de proporcionar seguridad a los barcos del reino de Castilla que surcaban el Mediterráneo, manteniendo a raya a los corsarios aragoneses, catalanes y mallorquines que acechaban cerca de las costas. Fue así como, tras una primera campaña de ataques a Oran y otras pequeñas poblaciones del actual Marruecos, se vio envuelto en una persecución que lo llevaría a sitiar la ciudad de Marsella. El Papa de Avignon, llamado el Papa Luna (hay que recordar que en ésta época hay un cisma dentro de la Iglesia Católica, y países que apoyan a Roma y otros a Avignon), tuvo que reunirse con el corsario, y convencerlo de que no atacara dicha ciudad. Tras unos días de tensión, finalmente optó por salir de puerto, pero continuó persiguiendo a los corsarios mallorquines hasta Cerdeña. Allí, a la vista de que no podía avanzar, se dirigió a las costas de Túnez, atacando diversas plazas costeras. A la vuelta al puerto de Cartagena, volvió a salir hacia Marruecos, saqueando y luchando en diferentes ciudades de la costa.
Pero su mayor actividad corsaria, la podemos observar en las campañas que dirigió contra ingleses en el Canal de la Mancha e incluso adentrándose en la zona francesa que pertenecía a Inglaterra. Con su pequeño ejército, y de un modo muy "español", plantó su cara castellana ante las puertas de Burdeos, tomando y saqueando la ciudad. Ante tal hecho, fue requerido a París, junto con sus compañeros franceses.  
Tras ese primer encuentro, estuvo durante cinco años atacando posiciones inglesas, sin dejar respirar a los habitantes de las islas cercanas a la costa. Saqueó Portsmouht, Pool y otras poblaciones, empeñándose incluso en llegar a las puertas de Londres. Aunque según la bibliografía, no lo consiguió, engañado por su tripulación la cual creía que era una locura. Supongo que, cuando a este hombre se le ponía alguien entre ceja y ceja, no lo dejaba escapar...como tampoco en sus amoríos, conocidos por toda Europa. Ya que se casó, en segundas nupcias, con Beatriz de Portugal (1409), hija de un infante portugués.
Esas gloriosas campañas inglesas, le valieron que fuera nombrado Primer Conde de Buelna (cerca de Santander).
Tras su vuelta de las mares bravas, y con la empuñadura aun caliente, se dirigió bajo el mando de Fernando de Antequera, a la zona del Reino de Granada, logrando importantes victorias hasta 1413, cuando perdemos la pista de este corsario peculiar. Sabemos que murió en 1453, y hasta nosotros ha llegado una torre que perteneció al corsario (cerca de Santander); y la biografía llamada El Victorial, escrita por Gutierre Díez de Games, que sirvió a sus órdenes desde 1401. En ella, narrada de manera épica, se nos narran las campañas vividas por Pero Niño, de una forma heroica. pero debemos pensar que, mientras que los ingleses tuvieron a Drake, nosotros tuvimos a Pero, Pero-Niño, con licencia para abordar.

Torre de Pero Niño en Buelna (Cantabria)