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lunes, 7 de noviembre de 2011

Sobre San Ginés de la Jara (I)

Datado un primer atisbo de veneración en la zona en el siglo VII-VIII, el monasterio de San Ginés de la Jara, se yergue sobre el pequeño llano existente entre las playas de Los Nietos y los Urrutias, y el prehistórico Monte Miral. Hoy en día se encuentra en muy mal estado de conservación, debido, en parte, a la dejadez de las autoridades, y por otra parte, al comportamiento abusivo de las constructoras, que, junto con la despreocupación de nosotros, los ciudadanos, padece el patrimonio en general.

Los edificios que podemos admirar del monasterio, son los realizados entre los siglos XVII-XIX, época de mayor esplendor del mismo, bajo poder de los monjes franciscanos, que se establecieron allí en torno a 1491, amparados en la figura de Juan Chacón, emparentado, a la sazón, con los Fajardo; o los Vélez, para que sean conocidos mejor. Pero los restos más antiguos hallados, pertenecientes al monasterio en sí, están datados en el siglo XV. Estos fueron hallados en las excavaciones de 2007 (ZAPATA, BERROCAL, MATALLANA). De hecho, todavía podemos observar parte de las estructuras halladas en la zona cercana a la entrada de la Iglesia.

Creo que vendría bien repasar un poco la Historia de verdad del monasterio y de las ermitas, basándonos en hechos y estudios concretos, y no en falsedades y habladurías, que sólo contribuyen a tener una visión parcial y sesgada del monumento.

Un documento crucial para conocer la antigüedad del mismo, lo constituye un manuscrito anónimo, datado en el siglo XV, y publicado por E. Varela Herviás (Murgetana nº 16). En él, el autor nos relata una biografía somera del Santo, desde un punto de vista casi mitológico. Nos explica el autor del artículo, que sólo podemos hablar de dos fechas concretas: una en torno a mediados-finales del siglo IX, y otra de mediados del siglo XI. Casualmente, el anónimo emparenta al santo con la familia Carolingia, en una época en la que el camino francés de peregrinación a Santiago de Compostela estaba en franco desarrollo, desde la época de Alfonso II en adelante. Dicho rey Leonés es el que, supuestamente, encontraría la tumba de Santiago que, según la tradición habría llegado de Palestina en torno a la segunda mitad del siglo I d.C., para predicar la llegada de la nueva religión: el Cristianismo. Estudios realizados por el Padre Sotomayor, junto con el catedrático de la Univ. de Granada, José Fernández Ubiña, nos llevan a pensar que el santo nunca salió de Palestina, y que, por tanto, toda la teoría del camino de Santiago, sería una estrategia para llevar a cabo una evolución económica en la vertiente cantábrica, por parte del rey Alfonso II.
Así pues, la teoría más aceptada sobre la identidad del Santo, sería la de San Ginés de Arlés. Dicha teoría, apoyada por los trabajos de Julio Mas (MAS, 1988) y Torres Fontes (1981), aboga por la llegada del culto a la zona de Cartagena en torno a época visigoda-bizantina. El desarrollo del mismo, podría darse, incluso, en época medieval musulmana, puesto que algunos trabajos, como el de Huélamo en el siglo XVII, nos hablan de un culto compartido. Esto sería, por lo menos, desde el siglo XI hasta el siglo XVII, cuando fueron expulsados los moriscos en 1609, por mandato de Felipe III. Curiosamente, la expulsión de estos últimos trajo consigo la decadencia de parte de la agricultura de las zonas de Cataluña, Aragón, Valencia y Murcia, donde había gran población de moriscos que, en su mayoría, se dedicaban a dicho sector económico.
El hecho de que se de un culto compartido, podría deberse a que los musulmanes, por herencia de las religiones árabes politeístas, además del judaísmo y el cristianismo, solían loar también a pequeños "santones". Incluso tenían un tipo de "genios", procedentes de las religiones de la zona de Arabia, que podían dar buena o mala suerte.